| UNA BOMBA DE TIEMPO EN VENEZUELA |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 17/12/2001 |
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| El Presidente de Venezuela Hugo Chávez se puso a cantar en medio de su discurso celebrando el tercer año de su mandato: "No soy monedita de oro ... pa'caerle bien a todos." Obviamente a Chávez no le importa el que dirán. Pero no son necesariamente sus comentarios cínicos y actitud desafiante lo que ha vuelto a tanta gente en contra de este autoproclamado revolucionario. Es su retórica explosiva y decisiones autoritarias las que están convirtiendo a Venezuela en una bomba de tiempo, que en cualquier momento explotará.
En los tres años que lleva en la presi-dencia, Chávez ha reemplazado a los miembros del gabinete y de la corte suprema con sus simpatizantes. Logró enmiendas en la constitución para permanecer en el poder hasta el año 2013. Hasta cambió el nombre del país por el de "República Bolivariana de Venezuela." Pero en realidad fueron las 49 leyes nuevas que impuso recientemente lo que enfureció a líderes empresariales y gremiales y lo que provocó el paro nacional que virtualmente paralizó al país el diez de diciembre.
Algunas de esas leyes, según sus críticos, amenazan a la industria privada. La ley más controversial le permitiría al gobierno expropiar cualquier terreno de más de 5,000 hectáreas, si considera que no es productivo. La respuesta de Chávez al paro fue la de enviar aviones militares a sobrevolar la capital, en una franca demostración de fuerza. Y con su tradicional estilo explosivo retó a los organizadores de la huelga, prometiendo nunca negociar con quienes él llama la oligarquía y proclamando que su revolución no dará un paso atrás.
El ex paracaidista fue elegido presidente por amplia mayoría en 1998, 6 años después que encabezó dos fallidos golpes de estado. Su estilo carismático y populista logró convencer a quienes estaban hartos de un sistema político corrupto. Prometió acabar con la corrupción y la pobreza en Venezuela. Pero en vez de eso, se ha enfrentado con casi todos los sectores de la población. Llamó "Satanás" a la iglesia católica y juró sacar al diablo de los sacerdotes que lo critican. Acusó a la prensa de conspirar contra él y amenazó con imponer su propio código de ética periodística. Sus estrategias, al estilo de Robin Hood de quitarle al rico para darle al pobre, tan sólo han logrado aumentar la pobreza y el desempleo. Los ricos huyen del país en cifras récord llevando con ellos un promedio de mil millones de dólares mensuales.
Chávez tiene acceso incondicional a los medios de comunicación. Aparte de las apariciones en su propio programa de radio y televisión "Aló Presidente," también se reserva el derecho de interrumpir la programación en cadena cuando se le antoja. A veces se pasa horas hablando sobre sus viajes, contando chistes, cantando y hablando de su infancia. Se ha dado el lujo de hacer enlaces vía satélite por televisión desde China, Moscú, Londres y Roma. Pero lo que más preocupa a muchos dentro y fuera de su país, son los amigos que tiene. Chávez ha pintado a Muammar Qaddafi como un modelo de democracia. Ha expresado admiración por Saddam Hussein y por el líder chino Jiang Zemin. Tiene como ídolo a Fidel Castro y ha llegado a decir que "Cuba y Venezuela navegan en el mismo mar de la felicidad". Y enfureció a Estados Unidos al comparar los bombardeos sobre Afganistán con los ataques terroristas del 11 de septiembre.
Ante los rumores de un posible golpe militar, se ha dicho que Chávez le dió a los militares de alto rango aumentos de sueldo para asegurar su apoyo, una muestra que nada ni nadie se puede imponer entre él y el poder. Cada día este hombre tiene más enemigos, y se comporta más como un dictador que un salvador del pueblo. Mientras Venezuela se hunde en una crisis económica y un caos social, se hace más evidente que Hugo Chávez es una bomba de tiempo a punto de estallar. |