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LA SEÑORA DE LAS TRENZAS
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 13/01/2003
 
ACAPULCO, México -- Todos los días Leticia coloca su mesa, con cuentitas de colores, florecitas y ligas, al lado de la piscina. Allí, justo debajo del árbol para protegerla de los penetrantes rayos del sol. De paso, también ayuda a que sus clientas estén más cómodas mientras les hace sus trencitas. Es un día sofocante en Acapulco, pero Leticia está pensando en la ciudad de Nueva York. Su especialidad son las trencitas que suelen usar las niñas en vacaciones playeras, y algunas no-tan-jóvenes que sueñan con lucir como Bo Derek en la famosa película "10." El salón en este lujoso hotel cobra por las trencitas entre 150 y 300 pesos por cabeza, unos $15 a $30. Sin embargo, a Leticia le pagan sólo 34 pesos al día. Apróximadamente $3.40, dependiendo de cómo esté el peso frente al dólar ese día. Platiqué con Leticia mientras le hacía las trencitas a mis hijas -- y de paso, unas cuantas a mí también. Me dijo que en Nueva York ganará mucho dinero porque las trenzas tienen mucho pegue y son muy bien pagadas allá. Leticia es una madre soltera que ha aprendido a hacer manicura y pedicura, al igual que cortar el pelo, hacer faciales y masajes. También ha adquirido un limitado uso del inglés a través de sus conversaciones con turistas norteamericanas. Está convencida de que cuando llegue a Nueva York -- donde su cuñada maneja un salón de belleza -- su situación económica mejorará dramáticamente y podrá darles una mejor vida a sus dos pequeños hijos en Acapulco. Es virtualmente imposible que Leticia califique para una visa, pero eso no le preocupa en lo más mínimo. De hecho, está convencida que todo le va a salir a la perfección. Muy pronto partirá hacia la frontera de Texas. Un coyote la estará esperando para cruzarla y luego transportarla a Nueva York, donde su hermano y un trabajo bien remunerado la estarán esperando con los brazos abiertos. Yo traté de advertirle sobre lo que le esperaba. "¿Tú sabes lo peligroso que es cruzar la frontera?" "Sí, pero cruzar por Texas es más fácil que cruzar por California." "¿Tú sabes que los coyotes te pueden abusar, maltratar y hasta robarte y dejarte abandonada?" "Eso no me va a pasar a mí porque mi hermano le va a dar al coyote $1,800 cuando él me entregue." "¿Tú sabes que los inmigrantes como tú no son bienvenidos en Estados Unidos y que hay un gran resentimiento contra los indocumentados?" "Sí, pero eso no me importa." "Tendrás que vivir en un sub-mundo escondiéndote de las autoridades." "Valdrá la pena el sacrificio." "Estarás violando la ley." "No tengo otra alternativa." "¿Qué pasará con tus hijos?" "Se quedarán con una tía hasta que pueda mandar por ellos." Cuando nada funcionó para disuadirla, le recordé sobre el crudo invierno que tendrá que soportar a cambio del calor paradisíaco de Acapulco. "Ya me acostumbraré." Su otra alternativa por supuesto es quedarse en Acapulco ganando 34 pesos al día y viviendo en un cuartucho con sus dos hijos. También podría aspirar a tener el trabajo de la que reparte toallas. A ella le pagan 48 pesos al día. Claro que si fuera hombre le iría mejor porque podría trabajar directamente con los turistas y compensar su miserable sueldo con propinas. Se calcula que hay más de 1 millón de personas que cruzan la frontera norte cada año. De esos, una tercera parte son capturados y deportados. Sólo el año pasado, 360 inmigrantes murieron durante su travesía. En ese mismo periodo de tiempo, los mexicanos que viven en Estados Unidos -- con o sin documentos -- enviaron a sus familiares unos $10 mil millones en remesas. Leticia está a punto de convertirse en una de esas estadísticas. Que bueno sería que terminara mejor en la lista de aquellos que decidieron quedarse y tuvieron la suerte de abrirse camino y ganarse la vida dignamente en su propio país.