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ALI ISMAEL ABBAS: UN SIMBOLO DE LA GUERRA
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 28/04/2003
 
BAGDAD, Irak -- Las imágenes de un niño sin brazos llorando y gritando en un hospital de Bagdad le dieron la vuelta al mundo. Sin embargo, no se puede sentir el verdadero impacto de su odisea hasta conocerlo y hablar con él. Hasta ver lo que quedó de su casa despues de que una bomba cayera del cielo y, en cuestión de segundos, le cambiara la vida. Conocí al pequeño Ali Ismael Abbas en un hospital de Kuwait rumbo a Bagdad para cubrir la guerra. Me impresionó su fortaleza, la manera de expresar sus sentimientos y sus ideas a pesar de haber vivido una experiencia traumática. A la doctora Sabreen Alzamel se le salían las lágrimas mientras me ayudaba a traducir una entrevista con Ali. Le pregunté sencillamente cómo se sentía. "Quiere que le devuelvan sus brazos," me dijo. "Le está pidiendo a los norteamericanos que lo lleven a visitar Mecca y la mesquita del profeta Maoma." Ali quiere que se le reemplace lo que perdió. Quiere su casa y el auto de su padre. Quiere sus brazos para trabajar y mantener a sus cinco hermanas que milagrosamente sobrevivieron los bombardeos. Lo que no se podra reemplazar es la perdida de su madre, su padre y su hermano. El 30 de Marzo, un cohete norteamericano cayó en su casa. El objetivo militar bien podría haber sido un vehículo militar iraqí estacionado a un kilómetro de distancia. Pero la bomba no le dió al blanco y terminó destruyendo cinco casas, matando a 16 miembros de la familia de Ali. Entre los escombros de su casa en un barrio humilde en las afueras de Bagdad, encontré los restos de una juventud destruída: sus libros de escuela y su Coran. Conocí a sus hermanas que se están quedando con una tía hasta que puedan asimilar su tragedia. Las niñas de 6 a 19 años de edad no han hablando ni han dormido en varios días. Fueron halladas enterradas entre los escombros de la casa. Pero por muy dramática que sea su experiencia, ellos son entre los más afortunados. La cifra extraoficial de bajas civiles es de 1,250 muertos. Pero en Irak, diferentes fuentes manejan 5,000 muertos y miles de heridos. Hay muchos niños que aún permanecen en hospitales mal heridos y sin la higiene y medicamentos necesarios para curar sus heridas. Lo que ayudó a Ali fue la cobertura de prensa. Un hombre que leyó su historia en un periódico australiano habló al diario para ofrecer ayuda. El corresponsal en Bagdad, Peter Wilson, junto con el traductor Stewart Innes hicieron los contactos necesarios para que el niño fuera trasladado a un hospital de Kuwait. Las tropas norteamericanas escoltaron a una ambulancia desde un hospital en el peligroso barrio de Saddam City y lo llevaron al país vecino en un helicóptero médico. El destino de Ali en estos momentos es tan incierto como el futuro de su pais despues de la guerra. Pero una combinación de los avances médicos y la buena voluntad ayudarán a Ali y sus hermanas a rehacer sus vidas. Los médicos en Kuwait le colocarán prótesis en los brazos y el buen Samaritano de Australia les comprará una casa. Ojalá que la historia de Ali se considere como un símbolo de la guerra en Irak de la misma manera que las imágenes de los iraquíes brincando sobre la derrumbada estatua de Saddam Hussein.