| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 02/05/2003 |
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| El día que regrese de Bagdad mí hija Gabriela me pregunto de que color eran los uniformes de los soldados norteamericanos. Le dije que eran verdes. Me pregunto también sobre los uniformes de los iraquíes y le explique que había negros y verdes. "A que equipo le vas mama," me pregunto. Al de Estados Unidos, por supuesto.
Que una niña de seis años vea la guerra como un juego no es sorprendente, lo que es inexplicable es que adultos racionales, educados y cultos se comporten como porristas.
La conversación que tuve con mi hija me hizo ver como los periodistas nos dejamos manipular y terminamos de porristas de la operación "liberación Iraki." Al fin y al cabo ningún aficionado podría ir en contra de su equipo o su país. Pero la guerra no es un evento Olímpico ni un campeonato nacional. La guerra, en este caso, es un hecho desafortunado, resultado del fracaso de la diplomacia y de la inhabilidad de las partes en conflicto de llegar a un acuerdo.
Es obvio que hubo tres diferentes guerras. La que vio el mundo árabe en la cadena de televisión Al-Jazeera. La que vio el pueblo norteamericano en el otro extremo y la que se transmitió en el resto del mundo. Uno podría esperar la parcialidad por parte de Al-Jazeera, pero en Estados Unidos se supone que vivimos en una democracia con una prensa libre. Sin embargo el cuestionar a los políticos o dar distintos puntos de vista sobre la guerra es considerado por algunos como una manifestación anti-patriotica.
¿Será posible que en la prensa nos dejemos engañar?. ¿Cómo pasamos de reportar sobre un ataque preventivo contra el regimen de Saddam Hussein sin el apoyo de la mayoría del mundo, a la liberación del pueblo iraqui a manos de una coalición de voluntarios? ¿Seguiremos llamándole liberación si las manifestaciones anti-norteamericanas en Irak continúan y las tropas siguen disparando en contra de los manifestantes civiles? Creo que la historia sobre esta guerra aun no se ha escrito.
Pero hay que darle crédito al Pentágono. Fue una gran movida él haber cambiado el enfoque de la guerra a la mitad del camino. La lucha entre un tirano y un grupo de héroes norteamericanos es un gran libreto. Uno muy difícil de criticar. Fue muy hábil de su parte él haber incrementado la alerta terrorista a naranja y tener a la gente atemorizada y luego reducir la alerta a amarillo como si el gobierno hubiera eliminado la amenaza terrorista. Si alguna vez hubo peligro de ataques terroristas, este no ha desaparecido.
También fue una decisión inteligente él haber internado a cientos de periodistas con las tropas limitando sus informes a la unidad que seguían, a nombre de la seguridad nacional.
Me siento afortunada de haber podido cubrir la guerra independientemente de las fuerzas armadas. A pesar de que llegue después de los combates más fuertes, pude ser testigo de la historia. Estuve allí para ver la devastación causada por la guerra mientras que otros periodistas se estaban yendo a casa. Para muchos de ellos el espectáculo había terminado. Ya nada importaba.
Pude ver y escuchar de primera mano tanto de la brutalidad de Saddam Hussein como de la muerte y destrucción causada por los bombardeos de Estados Unidos. Vi como algunos Iraquíes estaban felices por haberse librado de Saddam mientras que otros acusaban a las tropas de haber invadido su país. Vi hospitales repletos de victimas civiles y niños mal heridos.
También pude constatar la efectividad de los llamados "mísiles inteligentes" que le dieron al blanco y los que fallaron y destruyeron áreas civiles. Casi todos los ministerios fueron destruidos menos el ministerio del Petróleo que permanece intacto y custodiado por tropas. Sin embargo los museos fueron saqueados de los tesoros de la civilización.
Cuando llegue la hora de analizar lo que ocurrió durante la operación militar en Irak, creo que nos daremos cuenta que la prensa Norteamericana también fue una baja de la guerra. A los medios, particularmente a la televisión, parece que se nos olvido que nuestra labor es ser objetivos e independientes, reportar los hechos, cuestionar a los poderosos y resistir la censura.
El patriotismo debe permitirnos estar abiertos a diferentes puntos de vista mas allá de nuestras fronteras, debe respetar las libertades dentro de nuestras fronteras, y hasta permitir sentimientos encontrados. |