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EL MAESTRO MENOSPRECIADO
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 07/07/2003
 
La típica respuesta de un niño de primaria cuando se le pregunta qué quiere ser cuando sea grande es, bailarina, astronauta, bombero o maestra. Sus opciones suelen ser profesiones que consideran divertidas, emocionantes o que emulan a alguien que admiran. Pero a medida que van creciendo, sus motivaciones cambian un poco. Me ha tocado hablar en suficientes escuelas secundarias para saber que en cuestión de minutos los estudiantes me estarán preguntando mi sueldo. Eso muestra lo importante que es el dinero para los jóvenes hoy en día. Y precisamente por eso es que me preocupa el futuro de la profesión de maestro en este país. Y es que Estados Unidos enfrenta una seria escasez de maestros. No hay suficientes buenos educadores. Y cuando se encuentran es difícil mantenerlos en el puesto. La razón es, simplemente, la falta de incentivo económico. Según la Federación Americana de Maestros, el sueldo promedio de un maestro principiante en Estados Unidos es de $29,000 al año. Con 15 años de experiencia, el sueldo promedio de un maestro es de $44,000. Es un sueldo patético cuando se compara con el salario promedio de otras profesiones como contaduría ($52,000), analista de computación ($71,000), ingeniero ($74,000), o abogado ($82,000). Mejor ni mencionamos atletas profesionales o artistas. Un estudiante recién graduado que está dispuesto a enfrentarse a los serios retos de un aula de estudiantes por el sueldo de $29,000 al año, es una persona apasionada de la profesión, con un sentido de servicio público admirable a quien no le importa el dinero. Son cualidades muy honrosas, pero la realidad es que difícilmente se puede vivir con ese sueldo, especialmente si hay que mantener una familia. Es por eso que una tercera parte de los nuevos maestros abandonan la profesión en cuestión de tres años, y casi la mitad la dejan después de cinco años. En Florida, donde el sueldo promedio de un maestro está en el trigésimo primer lugar en la nación, los votantes aprobaron una enmienda constitucional que limita el tamaño de las aulas. Eso quiere decir que Florida tiene que contratar a 20,000 maestros antes de que empiece la escuela en el otoño. Los reclutadores están buscando desesperadamente a maestros calificados en todo el país que estén dispuestos a enfrentarse al reto por un sueldo que deja mucho que desear. Los que salen perdiendo en todo esto son los estudiantes. Este año, unos 12,000 estudiantes en Florida no pudieron graduarse porque no lograron pasar una prueba de capacitación conocida por sus siglas en inglés como el FCAT. El examen, apoyado por el Gob. Jeb Bush, debe elevar el nivel académico de los graduados. Sin embargo, sus críticos dicen que este discrimina contra estudiantes negros e hispanos que asisten a las escuelas que más han sufrido la escasez de profesores calificados. Varios estudios muestran que los maestros menos calificados tienden a trabajar en zonas de bajos recursos donde los estudiantes tienden ser de una minoría. Así es que no debe sorprenderle a nadie que estos jóvenes tengan dificultades en aprobar el examen. El ser educador es sin duda una de las profesiones más importantes al igual que una de las más menospreciadas. Educar a nuestra juventud para que se conviertan en ciudadanos productivos de nuestra sociedad es una responsabilidad inmensa. Sin embargo, hay muy pocos incentivos económicos para que personas dedicadas y calificadas acepten el reto. Como si fuera poco, las nuevas leyes federales de educación responsabilizan a los maestros y las escuelas por los resultados de sus estudiantes, un alto precio a pagar cuando está sobre explotado y mal pagado. Parece que por ahora tendremos que seguir dependiendo de esas personas especiales que educan a nuestros jóvenes por amor al arte, hasta que se busquen maneras de pagarles lo que se merecen.