| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 28/07/2003 |
| |
| MIAMI -- Durante más de 40 años, miles de personas fueron a conciertos de Celia Cruz a cantar, bailar, llorar y recordar. Con esa misma intensidad que la legendaria Reina de la Salsa impactó a sus fanáticos en el escenario, los conmovió con su muerte el 16 de Julio al perder su batalla contra el cáncer.
Para sus seguidores, Celia era una cantante dinámica con un talento incomparable y una habilidad extraordinaria para hacer que la gente moviera el esqueleto. Pero para sus compatriotas cubano-americanos, era más que un icono musical. Era un símbolo de su vida en el exilio.
Celia era tan cubana como un plato de arroz blanco y frijoles negros. Para muchos exiliados, Celia Cruz y los recuerdos del pasado eran lo único que les quedaba de su Cuba querida. Como muchos de ellos, Celia abandonó la isla con la llegada de la revolución y juró nunca regresar hasta que Cuba fuera democrática. Pero no vivió para ver una Cuba libre y el destino se la llevó antes que a Fidel Castro.
"La Guarachera de Cuba" deja atrás una brillante carrera llena de éxitos y satisfacciones. Grabó más de 70 discos, actuó en varias películas y novelas. Se presentó en los más importantes escenarios del mundo y recibió un sin número de premios y reconocimientos incluyendo cinco Grammies. De manos del ex Presidente Clinton fue honrada con la Medalla Nacional de las Artes, el más prestigioso premio otorgado a un artista en Estados Unidos.
Irónicamente, todos sus éxitos internacionales no fueron suficientes para que la máxima representante de la música afro-cubana fuera reconocida en su propio país. Su música ha sido prohibida oficialmente por décadas en Cuba. Su muerte recibió una escueta mención en la penúltima página del diario oficial del partido comunista Granma acusándola de ser instrumento de la contra-revolución.
Pero ni la propia Celia se hubiera imaginado la magnitud de la despedida que le darían sus seguidores en sus ciudades adoptivas. En Miami el tributo estuvo rodeado de simbolismo. Unas 100,000 personas desfilaron por la famosa Torre de la Libertad, una majestuosa edificación que sirvió para procesar a miles de refugiados cubanos a su llegada durante la década del 60. Aquellos que hace tantos años habían llegado a ese edificio para recibir queso y leche en polvo ahora venían a darle su último adiós a esa mujer que llenó sus vidas de música, de alegría y de nostalgia. Al perder a Celia perdieron un pedacito de su pasado.
Yo tuve la suerte de conocerla hace 20 años y lo que más me impresionaba de ella, aparte de su indiscutible talento, era su carisma, su eterna sonrisa, su actitud positiva, pero sobre todo su humildad y sencillez. Al despedirla mientras yacía su cuerpo rodeado de flores en la Torre de la Libertad, la ví tan bella como sólo Celia podía lucir. Con uñas largas y bien pintadas, un elegante vestido blanco, maquillada impecablemente y portando una de sus extravagantes pelucas, parecía que en cualquier momento la negra, con todo y tumbao, se levantaría a entregar otra de sus espectaculares presentaciones.
Mi hija mayor me comentó mientras escuchábamos una de sus canciones favoritas el día después de la muerte de Celia Cruz que su voz era muy convincente. "Cuando Celia dice que la vida es un carnaval" me dijo la pequeña Julia, "debe ser verdad." Una inocente observación de una niña de ocho años que muestra porqué Celia Cruz fue y seguirá siendo la Reina indiscutible de la Salsa. ¡Que viva la Reina! |