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LA CIUDADANIA AL ALCANCE
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 18/08/2003
 
La ciudadanía es uno de esos temas que retomo de vez en cuando en mis columnas, especialmente cuando se avecina la época de las elecciones. Yo siempre he tenido la opinión que no es fácil hacerse ciudadano norteamericano, y no sólo por los requisitos que hay que cumplir, los $310 que hay que pagar y la planilla de 10 páginas que hay que llenar. Es que con todo y los beneficios que trae la ciudadanía -- y son muchos -- es una decisión muy personal. Cuando se toma el juramento de ciudadanía, se le pide al solicitante que renuncie a cualquier otra ciudadanía. Y por mucho que quieran a este país y quieran formar parte integral de nuestra sociedad, para algunos, el renunciar a su ciudadanía, aunque sea de palabra, atenta contra su identidad y hasta los hace sentir como traidores a su patria. A través de los años, los inmigrantes han llegado a los Estados Unidos bajo distintas circunstancias. Los primeros europeos llegaron huyendo de guerras, pobreza, persecución religiosa o represión política. Llegaron a este país con la intención de quedarse para siempre y hacer nuevas vidas para ellos y sus familias. Geográficamente, regresarse tampoco era tan fácil. Pero los inmigrantes más recientes están en su mayoría bajo distintas circunstancias. Aunque algunos también le huyen a la pobreza y represión política, muchas veces sueñan con regresar a su casa. Ya no tienen que viajar durante semanas en un barco como los europeos de antaño para volver. La tecnología les permite estar en contacto con su familia y regresar en cuestión de horas. Eso hace más fácil el venir sólo a estudiar, trabajar, ganar un poco de dinero y ayudar a la familia, o ahorrar para mejorar su nivel de vida cuando regresen a su país de origen. Así es que hacerse ciudadano hoy en día es la opción de cada inmigrante. Y hay buenas razones para hacerlo si ha decidido ya quedarse en Estados Unidos. Para empezar, varios países permiten la doble ciudadanía de forma que no se pierden los derechos de su país natal. La lealtad y el deseo de servir a Estados Unidos es una buena razón. Pero están las más pragmáticas, como el poder obtener un trabajo con el gobierno federal y el calificar para servicios y privilegios reservados para ciudadanos. El viajar al extranjero es más fácil con un pasaporte estadounidense, y se puede solicitar la residencia de sus familiares más rápido. Pero el privilegio más importante de un ciudadano norteamericano es tener derecho al voto. Se calcula que hay entre 6 millones y 10 millones de inmigrantes en Estados Unidos que podrían calificar para la ciudadanía. La mayoría son latinos. Y muchos no han tomado el paso por temor o falta de información. El hacerse ciudadano no toma tanto tiempo como muchos creen. El tramite toma de seis meses a un año. Si alguien decidiera solicitar la ciudadanía ahora mismo, podría llegar a tomar el juramento a tiempo para registrarse y votar en las próximas elecciones presidenciales. El tener voz y voto, y poder ayudar a decidir quienes van a gobernar el país, el estado o la ciudad es uno de los privilegios más gratificantes que existen. Para ser ciudadano es necesario tener edad mínima de 18 años, haber vivido en Estados Unidos como residente legal permanente por lo menos 5 años y tener conocimientos básicos del inglés, historia de Estados Unidos y funcionamiento del gobierno de los Estados Unidos. Sólo las personas mayores de 55 años que han vivido en el país entre 15 y 20 años pueden hacer la prueba de ciudadanía en otro idioma. Por cierto entre las preguntas que hay que contestar en el exámen de ciudadanía, hay una que todos deben saber hayan nacido o no en los Estados Unidos y esa es: ¿Cuales derechos están protegidos bajo la Declaración de Derechos? La respuesta es, los derechos de todos los que viven en el país, sean ciudadanos o no.