| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 13/04/2004 |
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| Es difícil olvidar lo que estaba haciendo hace un año en esta época. Estaba pasando la Semana Santa en Bagdad. Es aun más difícil olvidar lo que vi. Un país hundido en la anarquía mientras su gente luchaba desesperadamente por sobrevivir y encontrar alguna semblanza de normalidad.
Habían pasado solo unas semanas desde que el mundo veía atónito por televisión las imágenes de los soldados norteamericanos derribando la estatua de Saddam Hussein. Una multitud de iraquíes les aplaudía y luego arrastraba por las calles parte del torso de la estatua metálica marcando así la caída simbólica del odiado tirano.
Con mi equipo de televisión nos habíamos pasado una semana en Kuwait tratando de convencer a oficiales de ejército estadounidense que nos ayudaran a cruzar la frontera hacia Irak. Por lo menos que nos dejaran seguir a los tanques. Pero su respuesta fue muy clara. Las credenciales de prensa "unilateral" son para quienes están a su propio riesgo. Eso quiere decir—según me dijo un amable representantes de prensa del ejercito—"que cuando te den un tiro en la cabeza no tendré que ser yo el que le avise a tu esposo."
Con esa advertencia, Ángel Matos, Herman Ulloa, Margarita Rabin y yo, nos embarcamos junto con otros periodistas "unilaterales" en una travesía de 12 horas por el desierto. Nuestro destino era Bagdad, y fuimos equipados con agua, comida y otros productos de primera necesidad. Teníamos chalecos anti-balas y mascaras de gas por si lo de las armas de destrucción masiva resultaba ser cierto.
No había nada más que arena de ambos lados de la carretera. Vimos un tanque destruido aquí y allá. Una fila de camellos se dirigía hacia una dirección y por la otra una fila interminable de vehículos militares estadounidenses. De repente nos salían iraquíes solitarios de la nada pidiendo agua, comida o dólares a cambio de dinares iraquíes.
De ves en cuando se veía una sonrisa, una señal de apoyo o bienvenida a los Americanos. Pero al llegar a la capital vimos otra realidad. No paso un día sin protestas frente al famoso hotel Palestina o una noche sin tiroteos. No había electricidad, agua caliente, no había escuelas y muy pocos hospitales preparados para atender a las numerosas victimas de la guerra.
Durante esa semana vimos a Bagdad a través de los ojos del pueblo Iraqui. Nos llevaron a zonas remotas donde ciudadanos buscaban a sus seres queridos en fosas comunes. En los hospitales vimos a mujeres y niños sin sus extremidades, victimas de bombas y balas perdidas.
Fuimos a Saddr City, conocida anteriormente como Saddam City, uno de los barrios mas pobres y peligrosos de Bagdad donde los residentes armados hasta los dientes tomaron control mientras los soldados no se atrevían a acercarse.
Un año después la historia es otra. Ahora los hospitales están mejor equipados gracias a donaciones humanitarias. Ya no hay fosas comunes nuevas para buscar a seres queridos. La mayoría de las escuelas están operando, hay algo de electricidad, agua y algunas instituciones funcionan.
Pero Irak esta lejos de ver una semblanza de normalidad. Las protestas que presenciamos ahora son mayores y más violentas. Ahora no son solo los residentes de Saddr City los que están armados. Hace un año había incertidumbre sobre el paradero de Saddam Hussein y las armas de destrucción masiva. Ahora que el ha sido capturado y que las armas no aparecen, el país esta aun mas peligroso.
Hace un año un oficial del ejército en Kuwait me decía que debíamos prepararnos para el desfile del 4 de Julio, día en que las tropas regresarían triunfantes a Estados Unidos. Ahora, se habla de enviar más tropas a Irak. Hace un año la actitud de los iraquíes se media a través de su mirada, ahora se mide a través de encuestas. Hace un año el Presidente George W. Bush tenía el 70 porciento de aprobación por su manejo de Irak, ahora la última encuesta dice que solo el 40 porciento apoya su manejo de la guerra.
Hace un año me pase el domingo de resurrección viendo a los iraquíes desenterrar cadáveres de fosas comunes. Este año lo pase viendo a mis hijas desenterrar huevitos de pascua florida de la nieve. Que diferencia hace un año.
Posdata: Un año después de mi visita a Bagdad, recuerdo a los periodistas que perdieron la vida cubriendo la historia. Entre ellos, David Bloom de la cadena ABC, Michael Kelly de la revista Atlantic Monthly y la corresponsal Argentina Maria Modesta que murió en un convoy rumbo a la capital Iraqui. Esperemos que un año haga la diferencia en traer paz al pueblo iraqui. |