| EL DERECHO A VER LAS FOTOGRAFÍAS |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 18/05/2004 |
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| Todo el mundo está hablando de las fotografías. Dondequiera que voy la gente me pregunta, casi con pena, "¿Has visto 'las fotos'?" Muchos no se atreven a llamar las cosas por su nombre. Son imágenes de soldados norteamericanos torturando, abusando y humillando a prisioneros iraquíes. Y es que se supone que eso es lo que hacen los malos de la película, no los héroes norteamericanos.
Así como tanta gente alrededor del mundo, me repugnan las escenas degradantes de soldados norteamericanos abusando de prisioneros iraquíes en la tristemente célebre prisión Abu Ghraib de Bagdad. Pero lo que más me preocupa es escuchar los comentarios de algunas personas que tratan de justificar los abusos, y además sugieren que las fotografías no deben ser publicadas por la prensa norteamericana.
Recientemente, en una reunión, escuché a uno de los invitados decir que "los que deben ir a la cárcel son los periodistas de la CBS que hicieron públicas las fotografías que pusieron en peligro a nuestras tropas incitando el odio hacia Estados Unidos en el mundo árabe." Eso suena inaudito en un país donde la libertad de expresión es pilar de la democracia.
No es la prensa la que pone en peligro a nuestros soldados o provoca la ira en el medio oriente hacia los estadounidenses. Son los mismos soldados que han cometido tan infames actos, ya sea cumpliendo órdenes o por iniciativa propia. Es el liderazgo del ejército y la inteligencia norteamericana ya sea por haberlos ordenado o no haberlos evitado. También son aquellos que decidieron documentar sus fechorías con fotografías para jactarse de sus viles acciones.
Ya hemos visto una horrible consecuencia de las fotos que salieron de Abu Ghraib. Terroristas islámicos radicales decapitaron a un inocente ciudadano norteamericano, Nick Berg, reclamando venganza por los maltratos contra prisioneros iraquíes. La realidad es que estos desalmados no necesitan excusas para cometer actos de barbarie. Un claro ejemplo es el atroz asesinato del periodista Daniel Pearl del diario Wall Street Journal en Pakistan.
La guerra no es un jardín de rosas. Los soldados van a la guerra para defender los intereses de su país. Son entrenados para luchar e incluso para matar al enemigo. Pero a la hora de capturarlo se les exige darle un trato humano. Algo hasta cierto punto complicado psicológicamente para un soldado en quien la misma guerra despierta sed de venganza. Bajo esas circunstancias no sorprende que se utilicen medidas extremas para sacarle información al enemigo capturado.
Sin embargo, cuando Estados Unidos le está diciendo al mundo que es un país defensor de la democracia, las libertades civiles y los derechos humanos, los actos cometidos por los soldados encargados de luchar contra la infamia, resultan en lo mínimo desconcertantes y vergonzosos para el país.
Existen reglas internacionales para la guerra, y Estados Unidos exige que otros países las cumplan. El gobierno norteamericano puso el grito en el cielo cuando soldados iraquíes interrogaron a sus prisioneros de guerra frente a una cámara de televisión. Solo nos podemos imaginar la reacción que causaría si esos cuerpos desnudos amontonados en forma de pirámide, o atados a una cama, o atacados por un perro hubiesen sido de soldados estadounidenses.
El pueblo norteamericano tiene derecho a ver las fotografías de los crímenes atroces cometidos por los enemigos, de la misma manera que deben enterarse de la perversión en los actos cometidos por algunos de nuestros soldados. Es la labor de la prensa mostrar lo que ha sucedido. Pero hay que hacerlo de forma responsable. Ese es el dilema que confrontamos los periodistas cada día: qué mostrar y qué tan seguido hacerlo. ¿Qué es periodísticamente necesario?, y ¿qué es éticamente aceptable?
Pasará un buen tiempo hasta que sepamos quienes son los verdaderos responsables de este escándalo aparte de los seis o siete que serán sometidos ante un tribunal militar. Pero lo que es irrefutable es que la imagen de este país se ha manchado, y la reputación de su ejército puede haber sufrido un daño irreparable. Este oscuro capítulo de la guerra seguramente traerá más y mayores consecuencias, y el pueblo norteamericano necesita saber por qué. |