| DE LAS REMESAS A LA PRESIDENCIA |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 16/08/2004 |
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| Con pocas excepciones, la mayoría de los gobernantes latinoamericanos proviene de familias acaudaladas y son egresados de prestigiosas universidades estadounidenses. Pero ese no es el caso de Tony Saca. El nuevo presidente de El Salvador pasó de la pobreza a la riqueza y luego dio el gran salto al poder. En los años 70 su familia vivía de las remesas que enviaba su hermano mayor desde California, donde vivía como indocumentado.
Ricardo Eduardo Saca aún recuerda cada detalle de aquel día cuando cruzó la frontera desde Tijuana, Baja California, hacia San Isidro. En la madrugada él y otros seis hombres caminaron durante seis largas horas por un frío y árido terreno montañoso. En ocasiones se tiraron al piso manteniéndose inmóviles para evitar ser detectados por los helicópteros de la Patrulla Fronteriza.
Al final tuvo suerte. No sólo logró cruzar la frontera sino que se las ingenió para trabajar como lavaplatos en la cafetería del Departamento de Policía de Los Ángeles frente a la oficina de inmigración sin ser descubierto.
Veintiocho años después, Ricardo es mejor conocido como Dr. Saca, un exitoso médico internista de Chino, California. Y su hermano menor Tony, que fue a la escuela gracias a los $200 mensuales enviados por su hermano indocumentado después que la familia perdió su negocio en los campos de algodón, es mejor conocido como Presidente Saca.
Su experiencia de primera mano llevó al jefe de estado salvadoreño a pedir -- en una reciente visita a la Casa Blanca -- una nueva extensión del programa de Estatus de Protección Temporal (TPS), que beneficia a aproximadamente 250.000 salvadoreños radicados en Estados Unidos, y que se vence en marzo del 2005.
Pero Saca no llegó con las manos vacías. Reiteró el compromiso de su país con la guerra en Irak, y esta semana se ha mostrado comprometido con su promesa al continuar los planes de enviar un tercer contingente de casi 400 soldados salvadoreños a la zona de conflicto, a pesar de las amenazas de fundamentalistas islámicos.
Solicitar la extensión del TPS fue una astuta movida política por parte del jefe de estado salvadoreño porque en su país una cuarta parte de la población vive con menos de un dólar diario y las remesas se han convertido en su principal fuente de ingresos. Los salvadoreños radicados en Estados Unidos enviaron a los suyos más de $2000 millones en el 2003.
Al igual que Ricardo Saca hay millones de inmigrantes latinoamericanos que luchan para sobrevivir y enviar dinero a sus familias. El mayor beneficiario de las remesas es México con $13,000 millones anuales, seguido por Brasil con más de $5,000 millones, Colombia con $3,000 millones y luego El Salvador. Si estos inmigrantes pueden enviar esas cantidades a sus países de origen, sólo nos podemos imaginar cuanto de sus ingresos se queda en Estados Unidos ayudando a fortalecer la economía nacional.
El doctor Saca logró salir de la sombra y realizar el sueño americano gracias a su esfuerzo de combinar el trabajo con el estudio. Se ganó la vida lavando platos, fregando pisos y hasta manejando autobuses. Aprendió a hablar inglés, sacó su título, asistió a la escuela de medicina y finalmente logró convertirse en internista.
La ambición, dedicación y una firme disciplina laboral parecen correr en la familia. Después de trabajar como cronista deportivo en El Salvador Tony Saca logró hacer fortuna vendiendo publicidad radial y así pudo adquirir nueve estaciones de radio. Saca ganó la presidencia con 57 por ciento del voto convirtiéndose, a los 39 años, en el jefe de estado más joven de la historia Salvadoreña.
Los hermanos Saca saben perfectamente lo que es tener una familia separada por la necesidad y unida en su lucha por superarse. Por su experiencia Ricardo entiende lo que sufren los indocumentados hoy en día. "Lo único que quieren es trabajar. Vienen aquí en busca de las oportunidades que no encuentran en sus propios países," dijo.
A través de los años, Estados Unidos ha gastado miles de millones de dólares en ayuda a Centroamérica. Pero ningún dinero en el mundo pudo haber comprado un gobierno más amistoso que el que tiene ahora en El Salvador, dispuesto a ir contra la voluntad de su pueblo enviando tropas a Irak. Y todo gracias a un inmigrante que llegó aquí ilegalmente y con su esfuerzo logró forjar una vida exitosa para él y su familia. |