| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 30/08/2004 |
| |
| El Presidente George W. Bush ha tenido una buena relación con los hispanos. Viviendo en Texas, donde una tercera parte de la población es latina, llegó a valorar la cultura y la comida, y hasta aprendió el idioma (un poco). En el 2000 Bush recibió más votos de hispanos que cualquier otro candidato presidencial republicano. Así es que también aprendió a valorar su influencia política. Pero la relación entre los latinos y el Presidente Jorge W. Bush ha tomado un nuevo rumbo.
Ya no hemos escuchado al primer mandatario pronunciar sus frasecitas en español. El acercamiento con su amigo el Presidente de México Vicente Fox se convirtió en uno de vecinos distantes. Latino América no resultó ser una prioridad, tal como lo había indicado al inicio de su presidencia. Después del 11 de Septiembre, las prioridades cambiaron.
El tan deseado acuerdo migratorio con México se esfumó. La propuesta para un programa de trabajadores temporales que presentó Bush en la Cumbre de las Américas en Monterrey a principios del año, se quedó en palabras. Entre otras cosas esa propuesta le permitiría a quienes — el mismo llamó "mexicanos decentes y trabajadores" — solicitar los empleos que los estadounidenses rechazaban. Pero más bien, desde entonces, miles de indocumentados han sido deportados.
Lo que queda por verse es si a Bush le ira tan bien con los votantes hispanos el 2 de noviembre como en las últimas elecciones. Según la Casa Blanca Bush obtuvo 35 por ciento de los votos en el 2000. Pero si la elección fuera hoy Bush sólo lograría el 30 por ciento, Kerry por su parte recibiría el 60 por ciento.
No es que los hispanos no quieran a Bush, al contrario. De acuerdo a la encuesta de Univision, el Washington Post, y el Instituto Tomas Rivera, 61 por ciento de los hispanos considera al presidente una persona agradable. Pero el 54 por ciento desaprueba la forma en que el mandatario está haciendo su trabajo, 60 por ciento rechaza su manejo de la economía, 62 por ciento no está de acuerdo con la forma que conduce la situación en Irak y al 55 por ciento no le gusta su manejo de temas migratorios con América Latina.
En lo que se refiere a la lucha contra el terrorismo — el tercer tema de mayor importancia después de la economía y la educación — el presidente recibe mejores puntos, el 54 por ciento aprueba su gestión y el 58 por ciento lo considera un líder fuerte.
Durante la Convención Republicana en Nueva York y en las próximas semanas estaremos viendo un mayor esfuerzo tanto por Demócratas como Republicanos de llegar a los hispanos. Ambos están concientes que son los latinos los que decidirán la elección.
Y aunque los Republicanos saben que no recibirán la mayoría del voto latino, se conformarían con el 40 por ciento. Eso es lo que Matthew Dowd, estratega de la campaña Bush/Cheney, considera se necesita para ganar la re-elección. Los Demócratas quieren tratar de evitarlo y por eso se la están peleando en la Florida, Nuevo México, Arizona, Nevada y Colorado.
Sharon Castillo, vocera de la campaña de Bush, dice que los latinos ya no se pueden considerar una parte de la base de los Demócratas. "Son el sector electoral más importante en este momento" dice. Es por eso que desde el año pasado los Republicanos tienen equipos trabajando en la re-elección de Bush en barrios latinos de 30 estados y Puerto Rico.
Además, la campaña de Bush se ha gastado más de un millón de dólares en publicidad en español tanto en radio como televisión y espera que termine gastando más que Kerry. Lo malo, según Alan Segal, director del Proyecto de Votantes Hispanos en la Universidad Johns Hopkins, la mayoría de los anuncios son traducciones de los de inglés.
En el 2000 la campaña de Bush produjo comerciales dirigidos específicamente a los latinos. Eso según Segal mostraba un interés genuino en esa comunidad. Y aunque Kerry está haciendo un mayor esfuerzo por atraer al voto latino que el que hizo Gore en el 2000, "ninguno de los dos candidatos (este año) está haciendo lo suficiente."
Por ahora el voto hispano está disponible al mejor postor. Un ocho por ciento aun está indeciso y un 22 por ciento dispuesto a cambiar su voto. Así es que si el Presidente Jorge Bush quiere ser re-electo, necesita empezar a practicar su español y ponerles más atención a sus amigos olvidados. |