| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 01/11/2004 |
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| No es necesario contar o recontar los votos para saber que cuando todo está dicho y hecho, será fácil distinguir claramente quienes serán los ganadores de las elecciones presidenciales y quienes tienen una gigantesca "P" de perdedores en la frente. Y ni siquiera tenemos que hablar de candidatos.
Vamos a comenzar con los perdedores. Seguramente resultó un negocio muy lucrativo, pero quienes han producido gran parte de los anuncios políticos en esta época de campaña han llevado la política sucia a su punto más bajo.
Es cierto que las campañas negativas no son una novedad. Pero este año los anuncios de campaña estuvieron llenos de ataques, distorsiones, mentiras y verdades a medias en ambos bandos, dejando a los votantes desinformados y confundidos. En vez de escoger a su candidato basándose en la mejor propuesta de gobierno, muchos terminaron decidiéndose por el menos peor.
La prensa está del lado de los perdedores. Es realmente preocupante lo que está sucediendo con nuestra profesión. Por años la prensa norteamericana se ha jactado de ser ejemplo de periodismo objetivo, de justicia y balance en la información, libre de censura o auto-censura como la que se ve en otros países del mundo.
Pero la guerra en Irak y la campaña presidencial han cambiado eso. El balance y la objetividad tradicionales han sido sacrificados, ya sea por temor a que se les culpe de ser anti-patrióticos, por haber caído víctima de fuentes sin escrúpulos que intentan manipular la información o simplemente por haber dejado filtrar opiniones partidistas.
Nunca antes, la prensa en Estados Unidos había estado tan politizada, cruzando esa delicada línea entre la información y la opinión, afectando la credibilidad de hasta los más destacados periodistas y más prestigiosos medios informativos.
Los expertos y analistas políticos que distorsionan los hechos para favorecer a los candidatos de su preferencia no han sido muy útiles para un electorado que depende en gran parte de ellos para entender los aspectos más complejos del proceso electoral. Aunque se hayan hecho más famosos, ellos también terminan en la lista de los perdedores.
Y por supuesto quienes decidieron no votar pierden. Votar es un derecho y un deber cívico pero no una obligación en este país. Muchos deciden no acudir a las urnas por apatía política, por flojera o porque tienen la idea errónea de que su voto no cuenta. Pero también hay quienes están tan inconformes con el clima político que giró alrededor de estas elecciones, que decidieron mejor no votar en protesta.
Ante este panorama es fácil adivinar quienes salen ganando. Para empezar están los televidentes y los oyentes de radio que no tendrán que tolerar más el bombardeo de anuncios políticos que han estado envenenando las transmisiones y han estado confundiendo a los votantes. Ahora será un alivio prender la televisión y ver anuncios de mueblerías, refrescos, servicios bancarios, cirujanos plásticos, cualquier cosa, menos anuncios políticos.
Los que contribuyeron al despertar político del electorado norteamericano, sin duda se quedan en la lista de los ganadores. Entre ellos, las docenas de organizaciones, instituciones e incluso artistas y cantantes que se unieron a los partidos políticos a promover la participación electoral registrando a millones de nuevos electores. Como resultado, más hispanos, negros, mujeres y especialmente más jóvenes han tomado conciencia de la importancia de la votación.
Ahora la parte difícil es intentar definir si los votantes en sí son ganadores o perdedores. Obviamente ganan por haber ejercido su derecho al vota. Sin embargo esa misma pasión que llevó a tantos a las urnas aun antes del día de las elecciones, podría mantener al país amargamente dividido y polarizado en el futuro. Y si eso sucede, entonces todos salimos perdiendo. |