| LO DIFICIL APENAS COMIENZA |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 08/11/2004 |
| |
| Ya no hay duda. El Presidente Bush ganó y ganó en grande. Sobrepasó el numero de votos electorales que necesitaba para ser re-electo. Cincuenta y nueve millones de norteamericanos decidieron darle una segunda oportunidad, y su partido republicano logró mantener el control del congreso. Eso sin duda le da un firme mandato para gobernar. Pero hay algo que no se puede pasar por alto. Cincuenta y cinco millones de personas en el país no quieren a George W. Bush como su presidente.
Bush no logró mantener su trabajo en la Casa Blanca porque las cosas en el país van viento en popa. Existen serios problemas en la economía, hay preocupación por la falta de empleos bien pagados, el alto costo de cuidado de salud y la calidad de la educación. Y por supuesto hay temor -- o más bien una histeria colectiva -- que nos hace sentir bajo la constante amenaza de otro ataque terrorista.
La mayoría del pueblo norteamericano votó por él porque creyó en sus promesas de promover el desarrollo económico y la creación de empleos a través de sus recortes tributarios. Creyeron en sus promesas de hacer el cuidado médico más accesible a los 45 millones de norteamericanos que no lo tienen y que cada niño pueda recibir una educación digna. Le creyeron que sería él quien nos protegerá de aquellos que nos quieren hacer daño.
Por supuesto no podemos negar que también creyeron en los constantes ataques a la integridad del Senador Kerry. Funcionó que lo pintaran como inconsistente en sus posturas y cuestionaran la gravedad de sus heridas en la guerra de Vietnam. La verdad es que los republicanos son unos genios para destruir la imagen de un rival político.
Ahora el presidente tendrá que cumplir sus promesas. Pero el verdadero reto será que haga exactamente lo que dijo que haría después de su conversación con su contrincante John Kerry el día después de las elecciones. Dijo que trabajaría para ganarse la confianza de quienes no votaron por él, diciendo que esta es una nueva oportunidad de llegar a toda la nación.
Parece que estamos en las mismas que hace cuatro años. Tenemos a un presidente que promete unir no dividir a una país profundamente dividido después de una amarga campaña política. Claro que esta vez tomó un día y no 36 el conocer el resultado de la elección, pero una buena parte del electorado aún deambula por las calles incrédulos porque su candidato no ganó. Ahora tienen que hacerse la idea de que tendrán a W, Cheney y compañía por cuatro años más.
Las palabras del Presidente Bush extendiendo una hoja de oliva son bienvenidas, pero no podemos olvidar que las condiciones que polarizaron a este país no desaparecieron como magia el día de las elecciones. Muchos aún piensan que fuimos a una guerra innecesaria bajo falsos pretextos y que ha tenido un alto costo de billones de dólares y miles de vidas. Muchos aún piensan que sus derechos civiles están siendo violados. Y otros creen que se le imponen creencias religiosas extremas. Y por supuesto están los que simplemente no quieren a George W. Bush, el hombre.
Es cierto que el presidente enfrenta un gran desafío al intentar unir al país. Pero los Demócratas tienen un reto aun mayor de levantar las piezas de un partido destrozado luego de sufrir un duro golpe. No solo fracasaron en convencer al electorado que su candidato John Kerry podía llevar al país en una nueva dirección y restaurar el respeto de Estados Unidos en el mundo, sino que perdieron escaños en la Cámara de Representantes y el Senado.
Los encuestadores quizás dirán que los republicanos hicieron una mejor labor movilizando su base de apoyo y a los sectores religiosos más conservadores. Pero la realidad es que los Demócratas tienen que hacer un profundo auto-examen. Tienen que ver en lo más profundo de su alma para determinar si quizás están fuera de contacto con la nueva dirección que está tomando el país. ¿Será que necesitan una nueva estrategia para promover su mensaje? ¿O será que necesitan un nuevo mensaje?
El peso de unificar al país no debe caer únicamente en los hombros del Presidente Bush. Si vamos a avanzar como país tal como lo promete el presidente, nuestros funcionarios públicos en Washington, de ambos partidos, tendrán que poner a un lado su orgullo, su arrogancia y partidismo y ponerse a trabajar para el bien de la gente que les dio su trabajo. |