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Fantasia Migratorias
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 22/11/2004
 
Unos días antes de presentar su renuncia, el Secretario de Estado Colin Powell encabezó una delegación de alto nivel que realizo una visita a México. Aunque había varios temas sobre la mesa durante las reuniones bilaterales, fue inevitable que el de la inmigración dominara nuevamente la agenda de trabajo. Para México, la reforma migratoria en Estados Unidos es su principal desafió en política exterior. Para Estados Unidos es uno de los temas más polarizantes después de los ataques terroristas del 9/11. El no poder solucionar el problema de millones de mexicanos al norte de la frontera, ha sido una nube que opaca la presidencia de Vicente Fox. Por su parte el presidente George W. Bush no ha podido reconciliar su propuesta de trabajadores huéspedes con la ansiedad que genera el tema de la seguridad nacional en su país. Powell les dijo a funcionarios mexicanos que, aunque no hay que ser demasiado optimistas, el ambiente para renovar la discusión sobre inmigración ha mejorado. Reiteró que Bush dará a la reforma migratoria alta prioridad en su segundo mandato. Sin embargo lo que México quiere escuchar y lo que Estados Unidos tiene para ofrecer son dos cosas distintas. La administración Fox ha sido implacable en su esfuerzo por convencer a la administración Bush que considere una legislación que legalice a millones de mexicanos. Lo máximo que Bush ha ofrecido es un programa de trabajadores temporales que permitiría que los indocumentados trabajaran en Estados Unidos un máximo de 6 años y después regresaran a su país de origen. Pero hay razones para creer que Fox y Bush o están viviendo en un mundo de fantasía o están jugando a la política en sus respectivos países. Después del viaje de Powell a México, el representante John Hostettler, republicano de Indiana, quien encabeza el subcomité de inmigración del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, advirtió que no existe apoyo suficiente en el congreso para aprobar un programa de trabajadores huéspedes. Aunque Bush ha dicho repetidamente que él está en contra la amnistía general, su programa de trabajadores huéspedes es considerado por la base conservadora como una "amnistía velada." El desafío más grande para Bush será convencer a los republicanos en el congreso que presenten y aprueben una propuesta que legalice a los indocumentados aunque sea temporalmente. Desafortunadamente hay demasiados en este país que preferirían que a todos los indocumentados los deporten a México, sean mexicanos o no. En esto el presidente Bush no tiene nada que perder. Incluso si la propuesta nunca llegara a ver la luz del día, podría verse como un acto de buena voluntad de su parte el tratar un tema que interesa a millones de los latinos que ayudaron a reelegirlo. Si no se ha progresado en alcanzar un consenso para una reforma migratoria bien podría deberse a que las propuestas hasta la fecha no han tenido peso. "Históricamente, la legislación que se origina en Estados Unidos se ha visto como una respuesta a los problemas," dice Arnoldo Torres, analista político y ex director ejecutivo de LULAC. "Sin embargo, el problema es que México causa el 'factor presión' y Estados Unidos controla el 'factor control,'" dice él. Torres representa una de las voces más optimistas y pragmáticas en lo que se refiere a la reforma migratoria. Desde hace un año dirige un grupo de lideres comunitarios que desarrolló una propuesta que sugiere un nuevo y diferente acercamiento para solucionar el problema. El grupo de Torres cree que México tiene que tomar responsabilidad por controlar los factores que llevan a sus ciudadanos para emigrar hacia Estados Unidos: la pobreza, la desigualdad en distribución de ingresos y pocas oportunidades de empleo, entre otros. "A menos que el congreso de Estados Unidos vea una propuesta diferente para solucionar el problema de la inmigración ilegal, no hay motivación para aceptar el reto," dice. Es una idea innovadora que tiene sentido. La propuesta esta siendo presentada a todas las partes involucradas. Sólo podemos esperar que los intereses políticos en ambos lados de la frontera no se conviertan en un obstáculo ante a una nueva solución a un viejo problema.