| COLOMBIA: TERRORISMO EN NUESTRO PATIO TRASERO |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 14/12/2004 |
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| Mientras el mundo se escandaliza con el secuestro de un extranjero en Irak en Colombia, aquí mismo en nuestro continente, se producen un promedio de ocho secuestros diarios. Entre ellos muchos niños. En Irak los decapitan y en Colombia los hacen explotar con collares o simplemente los acribillan a tiros si sus familiares no pagan. El secuestro le ha costado al gobierno y a los civiles 260 millones de dólares en los últimos siete años.
En Irak secuestran por la situación política que vive el país, las divisiones internas y la presencia militar extranjera que rechazan muchos iraquíes. En Colombia no es solo por política si no que secuestran también por dinero, por maldad y por venganza. En Irak los secuestradores son rebeldes, más que todo religiosos. En Colombia los secuestradores son guerrilleros o delincuentes comunes.
Los últimos gobiernos colombianos y con mayor insistencia del actual de Álvaro Uribe le han advertido a los gobiernos vecinos de que el problema que enfrenta el país con el terrorismo y el narcotráfico puede exportarse a sus propios países, pero la advertencia parece haber caído en oídos sordos.
El presidente norteamericano George W. Bush, en su reciente visita a Cartagena, parado al lado de nuevo "amigo" el presidente Uribe, dijo que el problema es serio y que es necesario combatirlo. Ahora falta ver si sus promesas se convierten en realidad y logra conseguir que el congreso aumente la ayuda para el llamado Plan Colombia.
Pero la realidad es que venezolanos, panameños, ecuatorianos, peruanos y brasileños, que son las naciones limítrofes con Colombia, deben comenzar a mirar con cautela como la guerrilla comunista y los narcotraficantes asesinos comienzan a extender sus tentáculos hacia esos países que no han prestado atención al llamado para integrar una fuerza regional y para desarrollar programas conjuntos contra el flagelo.
Los colombianos han vivido durante décadas una guerra interna que de una u otra manera afecta a cada habitante del país. El impresionante balance es de 35,000 muertos y más de dos millones de desplazados.
Pero no es sólo eso, entre otros crímenes la guerrilla ha hecho desaparecer pueblos enteros, ha destruido un alto porcentaje de la red eléctrica del país y ha convertido a miles de niños en guerrilleros. Nadie quisiera que ese mismo drama se viviese en cada uno de los países de la región.
"A Colombia no le sirve la retórica. Le sirven los hechos," dijo en un foro internacional recientemente el ministro de defensa colombiano Jorge Alberto Uribe. Y tiene razón, la ayuda debe ser efectiva. No es suficiente que los cancilleres se reúnan, como lo hicieron recientemente en San José, Costa Rica, y firmen un comunicado condenando el terrorismo.
En su última visita a Miami, en un foro en la Universidad Internacional de La Florida, un grupo de colombianos pidió al presidente Uribe dedicar menos presupuesto a la parte militar para no restarle fondos a los programas sociales. La respuesta de Uribe fue que si no se combate el terrorismo será imposible que persista cualquier programa social.
Y eso es lo que deben mirar los países vecinos a Colombia, sus programas sociales pueden verse deteriorados en la medida en que el problema colombiano cruce las fronteras. Por ello, en este caso, más que darle la mano a un vecino se trata de prevenir un dolor de cabeza que puede ser tan grande que haga explotar una catástrofe social de grande proporciones en el sur de nuestro continente.
Hasta el momento la única respuesta a las advertencias de Colombia ha sido un compromiso por parte de Venezuela y Ecuador para vigilar sus territorios y evitar que el problema los alcance y para tratar de cortar las vías de abastecimiento de guerrilleros y narcotraficantes. Pero eso no es suficiente. La amenaza terrorista de al-Qaida se ignoro por demasiado tiempo. El continente no se puede dar el lujo de seguir ignorando la amenaza terrorista en nuestro propio territorio. |