| JUAN PABLO II: EL HOMBRE QUE LLEVO LA IGLESIA AL PUEBLO |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 12/04/2005 |
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| CIUDAD DEL VATICANO -- No es común que un ser humano deje una huella indeleble en la humanidad, pero Karol Wojtyla lo logro. Como líder de más de mil millones de católicos durante los últimos 26 años, el Papa Juan Pablo II se mantuvo firme ante la doctrina tradicional de la iglesia, trato de sanar las heridas causadas por sus errores del pasado, unió a las religiones del mundo y se convirtió en un líder en el escenario político mundial. Pero quizás su mas importante legado será la forma en que el ex arzobispo de Cracovia toco la vida de aquellos que tuvieron contacto con el.
Como peregrino de la paz, el sumo pontífice envió su mensaje de esperanza a cada rincón del planeta. "Decía que tenia que ser el barrendero del mundo, limpiar los caminos para que pasara el amor y la fe," dice Paloma Gómez Borrero, una periodista española que acompaño al papa en sus multiples peregrinajes. "Decía que tener que ser el párroco del mundo para acercarse a todos ya que no podían venir a Roma a acercarse a el."
De tal forma que era de esperarse que ante su muerte, millones de personas vinieran a Roma para darle su ultimo adiós. Muchos pusieron a un lado sus diferencias con la iglesia, y quizás con el mismo papa, para rendir tributo al hombre que jugo un papel tan importante en la historia.
A lo largo de la Via Della Conciliazione y las calles aledañas que llevan hacia el Vaticano, una multitud espero pacientemente hasta 24 horas para despedir al Santo Padre. "Es algo moral y un compromiso para los que se quedan detrás de nosotros, dar testimonio de lo que fue el papa," decía una mujer Guatemalteca. "No tenemos derecho de quejarnos de algo tan mínimo como hacer una cola."
Era difícil no encontrar a alguien en la cola que no tuviera una historia que contar del papa, Cuando lo vieron por ultima vez, lo que dijo, como los hizo sentir. "Sabemos que esta en el cielo, que es un santo y que nos va a cuidar siempre," dijo una mexicana que recuerda las palabras del papa durante su ultimo viaje a México. "Me voy pero no me voy, porque me quedo con ustedes."
Juan Pablo II tenía una relación muy especial con México, el segundo país más católico del mundo después de Brasil. Lo visito en cinco ocasiones y en su último viaje en el 2002 canonizo a Juan Diego convirtiéndolo en el primer santo indígena en la historia.
Gómez Borrero, a quien cariñosamente le dicen en su país "la novia del papa" recuerda ese primer viaje a México justo tres meses de iniciado el papado de Juan Pablo II. "Un papa polaco, que ha sufrido tantísimo años de una dictadura nazi, se encuentra con un pueblo que es la pura alegría, que le adora, que le canta, le levanta con las mañanitas y que tiene fe en la Virgen de Guadalupe, entonces el papa se enamora del pueblo mexicano, se entusiasma y no quería marcharse de México."
Yo fui testigo de una reacción similar al cubrir varios de los viajes del papa a América Latina. Ya sea en El Salvador, Nicaragua, Guatemala, la Republica Dominicana, Venezuela, Colombia, Brasil o la Cuba de Fidel Castro, Juan Pablo II demostró un enorme poder de convocatoria. Cientos de miles llegaban a escucharlo. A algunos les daba inspiración a otros un sentido de paz y serenidad. No resolvió los problemas de pobreza ni calmo el hambre en países sub-desarrollados, pero le dio a los pueblos esperanza y en su propio idioma.
Los 116 Cardenales que se reunirán en el vaticano para elegir al sucesor de Juan Pablo II tendrán una ardua labor. Karol Wojtyla deja un vacío difícil de llenar. Era un hombre extraordinario de un intelecto excepcional, un carisma incomparable y de fuertes convicciones. Mostraba a la vez compasión y firmeza. Era humilde y grandioso.
Como hombres de fe y sabiduría los Cardenales tendrán que reconocer que no se puede dar marcha atrás a los días en que los papas se mantenían recluidos dentro de los muros del vaticano rodeados por un velo de misterio. Con los retos que enfrenta la iglesia Católica como institución, tienen que elegir a un papa para el siglo 21. Un papa, que con su propia inspiración divina, continúe llevando la iglesia al pueblo. |