| EL CÍRCULO VICIOSO DE ECUADOR |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 02/05/2005 |
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| Un par de días después que fuera depuesto el presidente de Ecuador Lucio Gutiérrez, las cosas volvían a la normalidad en el país sudamericano. El vicepresidente Alfredo Palacios asumió el cargo como nuevo jefe de estado y trabajadores de limpieza recogían la basura en las calles de Quito, después de nueve días de violentas protestas que precedieron la caída de Gutiérrez.
Si parece que los ecuatorianos están acostumbrados al caos político, es porque lo están. Ecuador ha tenido 10 presidentes en los últimos 10 años. En ese mismo período, tres presidentes han sido derrocados ya sea por el ejército o por adversarios políticos.
Gutiérrez, un ex coronel del ejército ecuatoriano, fue expulsado por una mayoría del congreso por supuestamente abandonar sus deberes presidenciales cuando aumentaban las protestas en su contra. El presidente Jamil Mahuad fue sacado del poder en el año 2000 durante una rebelión militar -- encabezada por Gutiérrez -- al ser acusado de arruinar el país por dolarizar la economía y proteger a banqueros corruptos. Y en 1997 el presidente Abdalá Bucaram fue depuesto por incapacidad mental, tan sólo 6 meses después de haber sido electo y acusado luego de corrupción.
Me toco cubrir la noticia ese tristemente celebre fin de semana en que hubo tres presidentes en tres días. Bucaram, reclamaba ser el legítimo jefe de estado, rechazando la decisión del congreso de expulsarlo del poder. Su vicepresidenta, Rosalía Arteaga, aseguraba que la ley le otorgaba a ella el derecho de ser presidenta interina. Y el presidente del congreso, Fabián Alarcón, insistía en que la constitución le permitía reclamar el honor.
Durante una entrevista le pregunté a Bucaram acerca de su expulsión por incapacidad mental y me contestó: "Si yo estoy incapaz mentalmente, entonces todos estamos locos en este país." La verdad es que el pintoresco presidente que se auto-denomino "El loco," no fue expulsado tan sólo por su peculiar hábito de cantar y contar chistes mientras ejercía sus funciones presidenciales, sino porque sus políticas económicas fueron rechazadas tanto por los pobres, a quienes decía representar, como por la elite ecuatoriana.
Antes de exiliarse en Panamá, Bucaram prometió volver y aspirar de nuevo a la presidencia. "Yo voy a ser seguramente seis veces presidente de la republica," me dijo. "Soy un muchacho joven, con mucha vitalidad y me gusta molestar a los oligarcas ecuatorianos," agrego. Y declarando estar más loco que nunca, Bucaram regresó a Ecuador a principios de abril luego de ocho años de exilio y fue recibido por miles de partidarios en su estado natal de Guayaquil.
Sin embargo su regreso enfureció a muchos ecuatorianos que acusaron al presidente Gutiérrez de manipular el sistema de justicia. Gutiérrez, que había servido como agregado militar durante el breve gobierno de Bucaram, removió la corte suprema y nombró nuevos jueces. Una de las primeras decisiones de la nueva corte fue anular los cargos de corrupción que pesaban contra Bucaram permitiendo su regreso. Pero después de que su protector fue derrocado, Bucaram tuvo que volver a su exilio en Panama.
Tanto Bucaram como Gutiérrez llegaron a la presidencia con una plataforma populista de trabajar por los más pobres de la nación y luchar contra la corrupción. Y los dos terminaron siendo vinculados con prácticas corruptas y decepcionando a los pobres por aplicar medidas económicas de austeridad que no les favorecían.
Las manifestaciones multitudinarias no van a parar en Ecuador mientras la pobreza continué por encima del 65 por ciento, un puñado de familias poderosas sigan controlando los destinos de la nación y la inestabilidad siga siendo la regla y no la excepción. Los ecuatorianos ya no están dispuestos a tolerar la corrupción y el egocentrismo de los políticos.
Ecuador, como varios de sus vecinos en Latinoamérica, gira en un círculo vicioso de pobreza, corrupción e incompetencia política. Esos países sólo tendrán estabilidad cuando puedan tener líderes que los saquen adelante, poniendo las necesidades sociales básicas de sus ciudadanos por encima de sus intereses políticos y personales. |