| HACIENDO HISTORIA EN LOS ANGELES |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 12/07/2005 |
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| LOS ÁNGELES -- No hay nada que pueda borrar el sentido de euforia que da el haber sido testigo presencial de un momento histórico. Es una sensación de entusiasmo que perdura en la memoria por largo tiempo. Si yo lo sentí el primero de Julio, viendo a Antonio Villaraigosa prestar juramento como alcalde de Los Ángeles, solo podemos imaginar lo que el sintió.
Con una sonrisa de oreja a oreja y con su esposa Corina a su lado, Villaraigosa puso una mano en la Biblia y juro defender la constitución de los Estados Unidos de América y ser alcalde para toda la población de Los Ángeles. Fue un momento de orgullo para Villaraigosa y su familia y para todos aquellos que llevan casi un siglo esperando que un hispano se convirtiera en alcalde de una ciudad donde casi la mitad de la población es de origen hispano.
Desde la primera vez que se postulo para el cargo de alcalde en el 2001, Villaraigosa intento restarle importancia a su etnia, diciendo que "la agenda latina es la agenda norteamericana." Pero esa soleada mañana de viernes, a pesar de la diversidad de los que participaron en la juramentación y sus esfuerzos de inclusión en su discurso de aceptación, no hubo duda del orgullo de Villaraigosa por sus raíces. En frente de miles de personas que se reunieron en el ayuntamiento para atestiguar el momento, algunos de los cuales ondeaban banderas mexicanas y efigies de la Virgen de Guadalupe, el flamante alcalde afirmo, "Nunca olvidare de donde vine."
Y seguramente esta muy conciente de hacia donde se dirige. Como alcalde de la segunda ciudad más importante de Estados Unidos -- el primer hispano en tener ese puesto desde 1872 -- Villaraigosa es ya una estrella política en la arena mundial. Nunca se había visto que una juramentación municipal atrajera a tanta prensa internacional y a tantos dignatarios del país y el extranjero.
En las escalinatas había importantes figuras políticas como el ex vice-
presidente Al Gore, el Reverendo Jesse Jackson, el gobernador de California Arnold Schwarzenegger, al igual que los ex gobernadores Pete Wilson y Jerry Brown. Y allí, en primera fila estaban los alcaldes de Nueva York, Washington y Atlanta, casi todo el cuerpo diplomático y representantes de los gobiernos de El Salvador, Guatemala y México. ¿Por qué vino? Le pregunte al gobernador del estado mexicano de Jalisco, "Porque nuestra sangre que ha llegado a un puesto tan importante," me contesto.
Pero al escuchar el elocuente discurso de Villaraigosa fue evidente que su visión va más allá que la política de inclusión. Les pidió a los angelinos que piensen "En Grande" recordándoles que Los Ángeles ya tiene un papel preponderante en la escena mundial. "Por mas de un siglo, Los Ángeles ha sido sinónimo de grandes sueños" dijo. "Los Ángeles, no es solo la ciudad que mejor refleja los grande sueños, si no es también el destino de la imaginación de la gente, en todo el mundo, hayan estado aquí o no."
Menos mal que quiere pensar "En Grande," porque los desafíos que le avecinan no son nada pequeños. No solo se espera que cumpla con sus promesas de campaña, reduciendo la tasa de criminalidad, mejorando la calidad de la educación y aliviando las pesadillas del tráfico, sino que se espera que le levante la moral a una ciudad desencantada con su gobierno municipal. Como si fuera poco, los Latinos en todo el país y del otro lado de la frontera, dependerán de su liderazgo.
A nivel personal, el presenciar los eventos del primero de Julio me dio un profundo sentido de orgullo. Como oriunda de Los Ángeles, disfrute el momento, no solo por Villaraigosa y los otros hispanos juramentados en puestos claves esa mañana, sino por los miles de rostros latinos que vi en el público. Ellos son parte de una comunidad que por tantos años se sintió ignorada.
En mis años como reportera local en Los Ángeles recuerdo cuando cubría el ayuntamiento y no había ni un solo hispano en puestos de elección. Y cuando entrevistaba a hispanos elegibles para votar, muchos no se molestaban en hacerlo por considerar que su voto no contaría. Más de dos décadas después, no solo contó su voto si no que tuvieron la oportunidad de ser testigos de la historia en las escalinatas del ayuntamiento de su ciudad.
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