| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 25/07/2005 |
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| Desde que era niño, Joel Gómez siempre quiso unirse al ejército. "Todos sus juguetes eran soldaditos o tanques, cada película que veía era de guerra," recuerda su madre Emilia Gómez. Cuando estaba en la escuela intermedia, Joel preguntó si podía enlistarse en el ejército. "Espera unos años, hasta que te gradúes de la secundaria," le dijo su mamá, con la esperanza de que con el tiempo se olvidara del asunto y optara por una carrera diferente.
Ahora, a la edad de 25 años, el sargento Joel Gómez permanece en una cama en un centro de rehabilitación en Wheaton, Ill., imposibilitado para caminar y para respirar por sus propios medios, víctima de un accidente en Irak que por poco le causa la muerte. No es exactamente la carrera militar en que tanto soñó. "Tan pronto como comenzó la guerra en Irak, él quiso ir," me dijo su madre. Sin embargo, no fue llamado a filas hasta febrero del 2004.
Durante una misión especial más o menos un mes después de haber llegado a Bagdad, el vehículo militar en el que se desplazaba cayó a un precipicio de 200 pies de profundidad. Uno de sus compañeros murió en la escena y otro un día después. El sargento Gómez sufrió heridas que lo dejaron paralizado desde el cuello hacia abajo.
Si no es porque tuvo la fortuna de haber nacido en Wheaton, es muy posible que a estas alturas estuviese muerto. Por ahora el sargento Gómez, quien ha sufrido serias complicaciones a causa de sus heridas, está recibiendo la atención médica en el centro de rehabilitación Marianjoy de Wheaton.
"Las condiciones en el hospital de veteranos eran tan malas que tuvo que ser llevado a un hospital privado para salvarle la vida," dijo Michelle Senatore, una voluntaria de la ciudad de Wheaton quien se ha convertido en un verdadero ángel de la guarda para la familia Gómez.
Después de escuchar su historia, Senatore se conmovió tanto que movilizó a la comunidad para ayudar al sargento Gómez y a su familia que no podía acomodar al joven dentro de su humilde apartamento. "Lo primero que hice fue reunir a un grupo de voluntarios para visitarlo semanalmente para que no terminara como un soldado olvidado," dijo ella.
Pero los residentes de Wheaton han hecho mucho más que eso. Cerca de una docena de doctores del área ofrecieron hacerse cargo del sargento Gómez sin ningún costo. Ciudadanos comunes y corrientes donaron fondos para comprar un pedazo de tierra. Una empresa de construcción ofreció los materiales necesarios para construirles una casa y el propietario de un restaurante donó los fondos para la compra de un vehículo especial para minusválidos.
Cuando la casa donada por la comunidad esté terminada, a mediados de agosto, la familia la habitara. "Habrá una habitación especial adaptada para su silla de ruedas," asegura Senatore.
La buena samaritana no ha parado allí, se ha puesto al frente de una misión para ayudar a veteranos de guerra como Joel. Pronto viajará a Washington para reunirse con militares de la primera división de infantería a la que pertenece el sargento Gómez, así como con líderes políticos. "Ellos se quejan constantemente que los veteranos no están recibiendo la ayuda que merecen pero tampoco tienen planes de hacer algo al respecto," dice.
Los programas para los veteranos no han cambiado desde 1945 y la primera propuesta de Senatore será la creación de una credencial para que los veteranos puedan buscar asistencia médica donde ellos elijan.
A pesar del dolor que siente al ver a su hijo en esas condiciones, la madre del sargento Gómez no se arrepiente. Recuerda el día en que él llegó a casa, a los 17 años de edad, con un contrato del ejército en sus manos pidiéndole que lo firmara. "Firmé porque creo que los padres debemos apoyar a nuestros hijos en sus sueños y aspiraciones," dice la señora Gómez. De todas maneras ella está decepcionada de la manera como el gobierno lo ha tratado. "Ellos dan todo y después el gobierno los olvida," agrega.
Ser soldado es lo que Joel siempre deseó. Y aunque ha dicho a familiares y amigos que no está de acuerdo con la guerra en Irak, no duda en afirmar que si llegara a recuperarse, volvería a servir a su país. Joel Gómez nació soldado. El, y muchos más como él, merecen ser reconocidos, honrados y apoyados. |