| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 22/08/2005 |
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| En Nuevo Laredo, México, cuando el reloj da las doce de la noche, dejan de correr el tequila y la cerveza. La inseguridad en la ciudad fronteriza es tal que cientos de cantineros aceptaron cerrar las puertas de sus antros a la medianoche durante un mes. Es su contribución a los esfuerzos del gobierno mexicano para controlar una ola despiadada de violencia que ha dejado más de cien muertos desde principios de este año.
La violencia es tal en Nuevo Laredo que Estados Unidos cerro su consulado luego de un tiroteo entre narcos rivales con ametralladoras, granadas e incluso un lanzador de cohetes. El consulado reabrió una semana después cuando las autoridades mexicanas prometieron aumentar la seguridad. Se asignaron policías en bicicleta y agentes federales en camionetas para proteger la misión diplomática.
El derramamiento de sangre en Nuevo Laredo, del otro lado de la frontera de Laredo, Texas, es el resultado de una violenta batalla entre carteles de drogas que luchan por controlar las rutas del contrabando hacia el lucrativo mercado estadounidense. El cruce de la frontera en Laredo es el más transitado de la frontera, y hacia el norte se exporta mucho más que computadoras, productos agrícolas, artículos de cuero y muebles mexicanos. Cargamentos repletos de cocaína, heroína, marihuana y metanfetaminas llegan diariamente a Estados Unidos dejando en el camino una huella sangrienta.
Irónicamente nuevos grupos de narcotraficantes se han aprovechado del vacío que ha dejado la lucha anti-drogas del gobierno mexicano. Desde que el presidente Vicente Fox asumió el poder en el año 2000 unas 36,000 personas han sido arrestadas por narcotráfico, incluyendo 15 líderes de organizaciones criminales, algunos de los cuales mantienen control de su negocio desde la prisión.
Entre los muertos en la mas reciente racha de violencia hay 15 policías, incluyendo una oficial que trabajaba como radiotelegrafista, un miembro del consejo municipal cuyo ganado había sido masacrado en su hacienda un mes antes con una AK-47, y un jefe de policía que fue baleado tan sólo siete horas después de haber asumido el cargo. La libertad de prensa también ha resultado en victima de la incontenible ola de violencia. Los crímenes no son investigados por los medios locales por temor a las consecuencias. Seis periodistas han sido asesinados en Nuevo Laredo en los últimos 18 meses. Otros tantos han sido secuestrados o amenazados.
Si parece que la situación en Nuevo Laredo esta fuera de control, es que lo esta. Hace unas semanas el Presidente Vicente Fox lanzó el operativo "México Seguro" enviando a miles de agentes federales y militares a distintos focos rojos en todo el país. En Nuevo Laredo los federales tomaron el departamento de policía y suspendiendo a más de 700 agentes. Pero a pesar de los esfuerzos por frenar la violencia, los cadáveres siguen apareciendo.
El siguiente paso, según el gobernador del estado de Tamaulipas, Eugenio Hernández, será dejar en manos del ejército todas las medidas de seguridad. El periódico "La Mañana" informó que el presidente Fox visitará Nuevo Laredo a finales de agosto para anunciar entre otras cosas, la creación de una nueva unidad de policía fronteriza.
Un vocero presidencial se negó a confirmar la visita y negó la militarización de la frontera, insistiendo que la seguridad nacional del país no esta en juego. Es mas, el procurador general prometió erradicar la violencia en los 15 meses que restan del gobierno de Fox. Y el propio presidente le ha hecho un llamado a Estados Unidos a trabajar juntos en contra del crimen organizado y los carteles de las drogas que operan a ambos lados de la frontera. "En lugar de señalamientos," dice Fox, "ofrezcan propuestas."
El departamento de Estado ha alabado los esfuerzos de seguridad en México, pero continúa advirtiendo a sus ciudadanos sobre los peligros de viajar a la frontera. Y los gobernadores de Nuevo México y Arizona han declarado alerta en sus estados debido al incremento del tráfico de drogas y de indocumentados a lo largo de su frontera con México.
El presidente Fox tiene razón al exigir cooperación de Estados Unidos ya que es un enorme consumidor de drogas ilícitas. Sin embargo, el gobierno mexicano tiene que reconocer también que ha perdido el control de la situación y actuar no solo en contra los narcotraficantes sino también contra funcionarios corruptos que se han vendido al crimen organizado, empeorando la situación. La crisis de seguridad en la frontera, está deteriorando las ya frágiles relaciones entre Estados Unidos y México. Y bajo estas circunstancias el tan esperado acuerdo migratorio terminará por ser más un instrumento divisorio que una herramienta de cooperación entre los dos vecinos. |