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¿QUIEN ESTA MATANDO A LOS MUCHACHOS TATUADOS?
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 05/09/2005
 
Segunda de dos partes SAN PEDRO SULA, Honduras -- Juan tiene profundas cicatrices en la cara. Lo llamare Juan porque no puedo revelar su verdadero nombre y sus cicatrices no son por heridas, si no por la mala calidad de la maquina que utilizo para remover sus tatuajes. Juan es el prototipo de miles de jóvenes en Honduras que se cubren el rostro y usan camisas de manga larga en medio de un sofocante calor, para tapar las señas que los identifican como pandilleros. En algún momento de sus vidas ponerse un tatuaje era para ellos motivo de orgullo, como un sello de lealtad a su pandilla. En el caso de Juan, la Mara Salvatrucha hasta la muerte. Sin embargo hoy en día un tatuaje es motivo suficiente para ser rechazado por la población, no poder conseguir trabajo, ser señalado como indeseable o terminar en una cárcel Hondureña, algo así como un infierno en la tierra. "Hay gente misteriosa que mata a los muchachos tatuados. Y nadie quiere saber quienes son," me dijo Monseñor Rómulo Emiliani, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San Pedro Sula. Podrían ser sicarios a sueldo de poderosos empresarios, ex policías, o parte de algún equipo elite del gobierno dedicado a la limpieza social. "Que yo sepa no," me dijo el presidente de Honduras Ricardo Maduro cuando le pregunte si operaban escuadrones de la muerte en su país. "Y si los hubiera yo estaría mas que feliz de investigarlos," agrego. Los hondureños son una gente amable y hospitalaria, valiente ante la adversidad. La historia y la naturaleza les han dado duros golpes que aun luchan por superar. Pero Honduras en estos momentos es un país envuelto en una cruenta guerra callejera. Los pandilleros se matan entre sí. Hay masacres de civiles atribuidas a los mareros -- como les dicen allá a los pandilleros -- y muertes en masa de mareros atribuidas a agentes policíacos. Entre los casos más notorios esta la masacre del pasado 23 de Diciembre en la que murieron 28 personas cuando el autobús en que viajaban fue atacado con armas semi-automáticas. Murieron hombres, mujeres y niños desde 2 a 62 años de edad. Las autoridades aseguran que fueron pandilleros de la Mara Salvatrucha para enviar un mensaje a su pandilla rival, la Mara 18. Entre las varias teorías que se manejan es una posible venganza de la MS por el incendio siete meses antes en una cárcel donde murieron 107 de sus miembros. No esta claro como se inicio el fuego y los sobrevivientes aseguran que paso una hora antes de que llegaran los bomberos. Cuando visite la prisión, no pude confirmar las versiones ya que irónicamente habían cambiado a todo el personal carcelario, absolutamente todo. La guerra interna no es lo único que preocupa a las autoridades tanto en Centro América como en Estados Unidos. Hay temor por el hecho de que Honduras se ha convertido en tierra fértil para el crimen organizado. Muchos pandilleros reconocen que están siendo utilizados tanto por carteles de la droga de México y Colombia como por la guerrilla y los paramilitares colombianos en el tráfico de armas y estupefacientes. Esto se convierte en una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos y en un factor desestabilizador en Centro América. Sin embargo, mientras las filas de la MS continúan creciendo y extendiéndose desde Centro América hasta la capital norteamericana, aumenta también el numero de pandilleros que como Juan estas listos para dejar atrás una vida de crimen en la que constantemente tienen que estar cuidándose las espaldas. No saben a quien le tienen mas miedo, si a las autoridades, a la pandilla rival o a su propia pandilla. Muchos de ellos tienen cicatrices en el corazón tan profundas como las que tienen en el rostro u otras partes de su cuerpo en las que intentaron borrarse los tatuajes. Pero no encuentran salida. Si están dispuestos es necesario que el gobierno y la sociedad les abra una puerta que les permita salir y otra que los conduzca a una nueva vida. Se tiene que hacer algo pronto para frenar el derramamiento de sangre en nuestros barrios y para evitar que la próxima generación desperdicie su vida en la delincuencia. De no ser así podríamos estar en la ante-sala de una nueva guerra urbana en nuestro patio trasero. ***