| EL DOLOR DE KATRINA SE SIENTE EN TIERRA HONDUREÑA |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 27/09/2005 |
| |
| EL DOLOR DE KATRINA SE SIENTE EN TIERRA HONDUREÑA
POR MARÍA ELENA SALINAS
Las aguas del Golfo de México dividen a Nueva Orleáns de Tegucigalpa, Honduras, pero el dolor y el sufrimiento dejados atrás por el huracán Katrina se sienten profundamente en tierra hondureña. Existen factores históricos y económicos que unen a las dos ciudades y lazos familiares que no las pueden separar.
Antes que Katrina golpeara con toda su furia a los estados del golfo de México, había más hondureños viviendo en el área metropolitana de Nueva Orleáns que en cualquiera otro lugar fuera de su tierra natal. El flujo de hondureños hacia esa ciudad comenzó a finales del siglo 19 cuando las compañías Standard Fruit Company y United Fruit Company con sede en Luisiana, empezaron la importación de bananos desde Honduras. Las familias hondureñas ricas se establecieron en Nueva Orleáns para educar a sus hijos y las familias pobres para aprovechar el próspero mercado de laboral.
Según cálculos del gobierno hondureño había cerca de 125,000 hondureños en Nueva Orleáns y zonas aledañas cuando Katrina tocó tierra. El 80 por ciento de ellos fue afectado por la tempestad. Inmediatamente después de la catástrofe el personal consular hondureño de distintas ciudades del país comenzó a buscar en refugios, casas, iglesias y escuelas a sus connacionales.
Durante los primeros días la cónsul general de Honduras en Nueva Orleáns, María Eugenia Lobo, estuvo también entre los desaparecidos. Finalmente apareció, pero al igual que los demás perdió su hogar y todas sus pertenencias. Existe gran preocupación entre miles de familias hondureñas que todavía no han podido establecer contacto con sus seres queridos en las áreas destrozadas por Katrina. Representantes de su gobierno han trabajado arduamente para tratar de ayudar en el proceso.
Lo primero que hicieron fue establecer un centro de información en Houston con una base de datos y números de llamada gratuita en ambos países, Honduras y Estados Unidos, donde miembros de las familias pueden tratar de localizar a sus allegados. Otros consulados en el país han estado proporcionando ayuda y refugio a hondureños que se trasladan a sus ciudades. Carlos Cirque, el cónsul general de Honduras en Miami me dijo que tres semanas después del paso del huracán había informes de tan sólo un hondureño muerto y varias docenas desaparecidos. La mayoría de los hondureños, dijo, hicieron caso de evacuar cuando las autoridades lo ordenaron ante la proximidad de la tormenta.
Los hondureños saben de sobra lo que significa un huracán porque uno de ellos dejó a su país en ruinas. En octubre de 1998 el huracán Mitch arrasó varios países de Centroamérica dejando atrás una estela de muerte y devastación. 10,000 personas murieron, 12,000 desaparecieron y 3 millones quedaron sin hogar. La mayoría de ellos en Honduras y Nicaragua.
En uno de los países más pobres del hemisferio, con recursos limitados, la respuesta ante los destrozos del huracán Mitch fue masiva e inmediata. Los refugios se establecieron en estadios, escuelas y templos. Los damnificados recibieron alimentos, agua y ropa.
Cubriendo las repercusiones del huracán Mitch, me toco sobrevolar áreas de difícil acceso en helicóptero con el ejército hondureño que buscaba sobrevivientes. Las escenas eran muy similares a las que hemos visto en Nueva Orleáns, pero no era una sola ciudad, si no que prácticamente el 90 por ciento del país quedo totalmente inundado. Las personas pedían auxilio desde los tejados de sus casas y los socorristas utilizaron lanchas de alta velocidad para recorrer los ríos que alguna vez fueron calles o carreteras y así llegar hasta las víctimas. El ejército aerotransportó heridos para ser atendidos en hospitales improvisados en tierra firme.
Del millón de hondureños que se calcula viven en Estados Unidos, unos 85,000 gozan del TPS, estatus de protección temporal, por ser víctimas del huracán Mitch. Cerca de un cuarto de millón más se considera están aquí ilegalmente y los demás son residentes legales o ciudadanos de Estados Unidos. Todos juntos envían aproximadamente 1.5 mil millones de dólares en remesas a su patria, igualando el 15 por ciento del producto interno bruto del país. El huracán Katrina podría tumbarle cerca de 100 millones de dólares a las remesas anuales enviadas a ese país, convirtiendo a miles de familias pobres hondureñas que dependen de sus familiares en el exterior, nuevamente en víctimas indirectas de un mortífero huracán. Así Katrina deja su huella en ambos lados del golfo de México. |