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BIENVENIDOS A BRENNAN'S
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 03/10/2005
 
Daniel Millán mantiene una doble vida. Durante el día es capitán de meseros en un elegante restaurante y en la noche trabaja limpiando oficinas. Nació en México pero su corazón esta con su ciudad adoptiva de Nueva Orleáns. Es un sobreviviente del Huracán Katrina, pero sus profundas heridas emocionales lo convierten en víctima de la mortal tormenta. Conocí a Daniel en el famoso restaurante Brennan's, en el barrio francés de Nueva Orleáns, donde mi esposo y yo fuimos a desayunar para celebrar nuestro aniversario de bodas. Con una sonrisa de par en par, nos dio una calurosa bienvenida. Fue una memorable mañana de champaña, sopa de tortuga, los famosos huevos "hussard," "bananas foster" y un ambiente hospitalario. Una de esas experiencias que no se olvidan. La siguiente vez que lo vi, Daniel estaba frente a una cámara de televisión hablando de la odisea que vivió cuando el Huracán Katrina arraso con todo lo que encontró en su camino en los estados del golfo. Confundido y con lagrimas en los ojos, hizo un recuento de cómo durmió dos noches sobre el techo de su casa en Nueva Orleáns y comió solo una manzana y tres ciruelas pasas. Lo que vio cuando finalmente decidió irse a buscar ayuda, dejo una huella imborrable en su memoria. Se encontraba a unas seis cuadras de la carretera principal más cercana y el agua continuaba llegándole hasta las rodillas. "Después de una cuadra vi el primer muertito," me dijo por teléfono después que pude localizarlo. Recorrió dos cuadras más y vio otro cuerpo, esta vez era un hombre con un brazo extendido hacia la puerta de una casa y el otro sosteniendo a un bebé. "El bebé estaba desnudo, excepto por un pañal inflado por el agua." Cuando Daniel llegó a la carretera paro un patrullero y le pidió ayuda para rescatar a los muertos, pero el policía le respondió que no había tiempo para muertos porque había que salvar vidas. Daniel encontró refugio en una escuela primaria donde le dieron la mitad de un sándwich y un poco de agua. Pero el constante llanto de los niños, la gente peleándose y la suciedad amontonándose, fue más de lo que pudo aguantar. Fue entonces cuando decidió que tenía que buscar la manera de llegar hasta Houston donde su esposa y sus hijos se habían ido cuando los residentes de Nueva Orleáns recibieron la orden de evacuar. El se había quedado a trabajar. Mientras caminaba sobre un puente buscando una salida, vio otra escena desgarradora que también quedó grabada en su memoria. Un oficial de policía trataba de convencer a una anciana sentada en el piso que se fuera, pero ella insistía en despertar a su esposo a quien tenía en sus brazos. El estaba muerto pero ella se negaba aceptarlo. Sobre ese mismo puente Daniel encontró varios autos abandonados, uno de ellos tenía las llaves puestas pero estaba sin gasolina. Sin embargo, se las ingenio para sacar gasolina de otros autos y logro escapar del infierno en que se había convertido su querida Nueva Orleáns. Cuando finalmente llegó llego a Houston, Daniel fue directamente ante un grupo de policías y les dijo que había robado un auto. Sabía que eso le traería consecuencias y estaba dispuesto a enfrentarlas. Pero tuvo suerte, los oficiales le dijeron que no se preocupara y que ellos se asegurarían de que el auto regresara a manos de su dueño. Daniel es ahora uno de los miles de desplazados de Nueva Orleáns. La ultima vez que hable con el estaba viviendo con su esposa y sus hijos en un hotel de Houston y buscaba trabajo en un restaurante o en la industria hotelera. Su casa desapareció con la tormenta al igual que todas sus pertenencias. La había comprado tan solo 10 meses antes del huracán después de años de sacrificio, manteniendo dos empleos a la vez. Perdió muchas cosas materiales, pero no lo perdió todo. Lo que el viento y la corriente no se pudieron llevar es a su familia y su amor por Nueva Orleáns. Cuando le pregunté si planeaba regresar a la ciudad, no vaciló en responder; "Amo a Nueva Orleáns, a su gente, a mi trabajo y a mis clientes. Esa es mi vida." Daniel está optimista, al igual que los propietarios de Brennan's quienes tienen la esperanza de reabrir el famoso restaurante tan pronto como en diciembre. Cuando eso suceda, Daniel promete estar allí, son esa sonrisa de par en par que lo caracteriza, recibiendo a la gente: "bienvenido a Brennan's." ***