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TRAGEDIA EN GUATEMALA
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 18/10/2005
 
SANTIAGO ATITLÁN, Guatemala -- Yo ya he cruzado este camino. Las imágenes son tan familiares, el olor inconfundible. Es el olor a muerto que emana de los cuerpos descompuestos. Es el sonido del llanto de mujeres que desesperadamente claman por sus seres queridos. El miércoles 5 de Octubre a las cinco de la mañana, las tierras del volcán Toliman en Santiago Atitlán cedieron ante la lluvia y provocaron un gigantesco deslave. Stan pasó por estos lados como tormenta tropical antes de convertirse en huracán. La tierra simplemente no aguanto. Toneladas de lodo cayeron del cerro virtualmente destruyendo la aldea de Panabaj, arrasando con todo en su camino: árboles, casas, animales, familias enteras. Panabaj dejo de existir. Tal fue la destrucción que las autoridades dejaron de intentar rescatar cuerpos de los escombros. ¿Cuantos? Quien sabrá. Los pobladores aquí me dicen que podrían ser miles. Una mujer que caminaba por los caminos enlodados de lo que fuera su hogar, lloraba inconsolablemente al no poder encontrar a su hijo de 13 años días después de ocurrida la tragedia. "Cuando el lodo comenzó a llenar la casa le dijimos a nuestro hijo que saliera corriendo," me dijo su esposo. Sin embargo el no entendió lo que ocurría al estar casi dormido. Lograron agarrar a su hijo de 7 años, pero el mayor simplemente desapareció. Lo que fuera una humilde pero activa comunidad es hoy un campo santo. Prácticamente todos los muertos eran indígenas Mayas cuya lengua principal era el Tzutujil. En esta zona -- la comunidad indígena mas grande de Centro América -- practican sus milenarias tradiciones y no se meten con nadie. Es una comunidad golpeada por la sangrienta guerra civil que termino en 1996. Algunos pobladores aun tienen abiertas las heridas emocionales dejadas por masacres cometidas por militares. Tanto así que muchos no quisieron aceptar ayuda de personal militar que vino a socorrerlos después del temporal. Tal como lo hice en 1998 cuando el Huracán Mitch sepulto a miles en Honduras, y el 2001 cuando un terremoto provoco un deslave en El Salvador, me encontré en Santiago Atitlán caminando sobre la muerte. Debajo de mis pies, escombros de casas y restos de lo que fueran las vidas de gente que tuvieron la desgracia de ser pobres y vivir en territorio vulnerable. Centro América ha vivido su buena dosis de desastres naturales. Si no es un huracán, es un terremoto o actividad volcánica. Y cada vez que la región es sacudida por una catástrofe surge la misma pregunta: ¿Porque? ¿Porque será que sabiendo lo vulnerables que son a este tipo de desgracias, estos países aun no están preparados para lidiar con tales calamidades? Guatemala es un país pobre. El 80 por ciento de su población sobrevive bajo niveles de pobreza. Muchos viven a la orilla de ríos y lagos o en las laderas de montañas o volcanes en precarias edificaciones incapaces de aguantar el embate de la madre naturaleza. Y como si fuera poco, la deforestación ha dejado sus tierras en condiciones de alto riesgo. Sin embargo, continúan construyendo sus viviendas en sitios peligrosos. Es lo único que pueden costear. Y cuando la tragedia les vuelve a tocar la puerta como ocurrió en este humilde caserío en el Lago Atitlán, habrá otra ladera que se convertirá en tierra fértil sobre la cual pueden construir lo que algún día volverán a llamar su hogar.