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"Yo soy la hija de mi padre"



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ENTERRADOS EN VIDA
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 24/10/2005
 
TACANÁ, San Pedro, Guatemala -- Lo único peor que perder a un ser querido es no poderle dar un último adiós y un entierro decente. Eso sucede en casos trágicos de accidentes aéreos o cuando desaparecen miembros de una familia. Pero saber que un padre o madre, hijo, conyugue, tío o abuelo se encuentran enterrados bajo toneladas de lodo y que es prácticamente imposible rescatarlos, tiene que ser una de las experiencias más dolorosas que un ser humano debe enfrentar. Tal es el caso de cientos o quizás miles de guatemaltecos cuyos seres queridos fueron víctimas de mortales deslizamientos de tierra en varias partes del país, sobre todo en barrios pobres con construcciones débiles. De todas las áreas afectadas por las tormentas que golpearon este país Centroamericano con el paso del Huracán Stan, la más remota y de difícil acceso es Tacaná, a unas 12 millas de la frontera con México. Los ríos crecidos derribaron puentes lo que hizo casi imposible que la ayuda llegara por tierra. El continuo mal tiempo hizo también peligroso llegar por aire. Pero cuándo finalmente el cielo comenzó a despejarse vine hasta Tacaná de la única manera en que se puede, por helicóptero, con el ejército guatemalteco. Varias poblaciones cerca de aquí fueron arrasadas por deslaves. La más devastada es el cantón Cua, una comunidad tranquila en una llanura donde víctimas de la tempestad habían venido a buscar refugio. Docenas se refugiaron en dos iglesias, una católica y otra protestante. En la tarde del jueves 6 de octubre, mientras los niños jugaban, las mujeres cocinaban y los hombres trabajaban, la colina detrás de ellos se derrumbó arrastrando docenas de casas, negocios, una escuela y las dos iglesias. Milagrosamente la iglesia católico había sido evacuada la noche anterior, pero en el templo del Séptimo Día, había varias docenas de personas orando a la hora del desastre. Mauricio Merida, un bombero voluntario, llegó pocos minutos más tarde. Logró salvar a tres personas pero sólo una de ellas sobrevivió. "Un niño gritaba desesperadamente, apúrense apúrense," me dijo. "Lo encontramos sin ningún rasguño, pero ese grito, todavía lo tengo adentro porque no me dejo que yo rescatara a su mama y a su hermanita. Tal vez hubiésemos podido salvarlas también." El único miembro de la familia que le quedó al niño fue su padre quien se había ido 20 días antes a trabajar en Estados Unidos. Pantaleón Escalante Pérez trabajaba en una granja en el centro de La Florida cuando se enteró del deslizamiento de tierra en Cua, su pueblo de origen. Toda su familia vivía allí. Inmediatamente hizo sus planes de viaje, pero llegó demasiado tarde. No sólo perdió su casa, si no también a su esposa y a seis de sus siete hijos, todos están muertos y él ni siquiera pudo entrar al área para intentar recuperar sus cuerpos. En total 19 cuerpos fueron recuperados de entre los escombros. Los demás quedaron enterrados vivos. Según Sergio Morales, delegado de Derechos Humanos de Guatemala, muchas vidas pudieron haberse salvado si el gobierno no hubiese acordonado el área abruptamente y hubiese detenido las excavaciones 48 horas después de los deslizamientos de tierra. "En una casa, cuentan los bomberos que se oían golpes y gritos de las personas que estaban allí enterradas para que las rescataran, hace dos días se ahogaron sus gritos," dijo. Las autoridades dicen haber tomado la decisión por motivos sanitarios. Pero personas como Merida, el bombero voluntario que trabajó en el rescate, dicen que un día más de excavaciones habría permitido recuperar más cuerpos. "Debimos darle la satisfacción a esa gente que con tanto dolor suplicaba que sacáramos los cadáveres, que tan solo los querían ver y darles una cristiana sepultura y no se quedaran así como están," dijo. Mientras tanto, los que sobrevivieron a los deslizamientos e inundaciones pero que perdieron todas sus pertenencias debido a las tormentas, están en refugios temporales, sin ningún lugar a donde ir ni fondos para rehacer sus vidas. El delegado de Derechos Humanos tiene razón cuando dice: "Hablar de reconstrucción de Guatemala, y pensar que Guatemala solo son carreteras y casas es un error, la reconstrucción comienza por la reconstrucción humana."