| INFORMANDO DESDE LA ZONA DE PELIGRO |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 06/02/2006 |
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| Cuando escuché la noticia el domingo temprano me dieron escalofríos. El presentador de ABC Bob Woodruff y su camarógrafo Doug Vogt habían sido heridos gravemente cuando una bomba estalló en el vehículo militar en el que viajaban. Como periodista lo primero que viene a la mente es esperar que sus heridas no resulten mortales. Pero luego le sigue un sentimiento de frustración.
Los periodistas tenemos que ser testigos oculares independientes de hechos como la guerra en Irak para poder informar la verdad. Para los norteamericanos hay mucho en juego en Irak: Seguridad, imagen internacional, miles de millones de dólares, petróleo, y lo más importante, las vidas de miles de soldados estadounidenses. Es muy frustrante pensar que para cumplir con su misión el periodista tenga que arriesgar su propia vida.
Puedo decir de primera mano que los riesgos de informar desde una zona de peligro no es lo primero que viene a la mente cuando se está allí. Lo que buscamos es conseguir las mejores imágenes posibles para poder ir más allá de los boletines informativos proporcionados por los militares.
Eso es lo que mi equipo y yo hicimos en abril del 2003. Pocos días después de que la famosa estatua de Saddam Hussein fuera derribada, estuvimos reportando desde las calles de Bagdad. Nuestras credenciales de prensa decían "Unilateral." "Eso significa que no seré yo quien tenga que llamar a su esposo cuando a usted le metan un tiro en la cabeza," me dijo el vocero militar estadounidense en Kuwait después que insistimos en cruzar la frontera hacia Irak con su ayuda o sin ella. "Bajo su propio riesgo," me dijo.
Y bajo nuestro propio riesgo, los camarógrafos Ángel Matos y Herman Ulloa, la productora Margarita Rabín y yo, fuimos hasta la zona de guerra con lo que considerábamos eran las mayores precauciones: Alimentos, agua, generadores de electricidad, linternas, teléfonos satelitales, máscaras de gas, cascos y chalecos anti-balas. Pero en las semanas que siguieron a lo que el presidente Bush llamo "la mayor operación de combate," se vio más caos que peligro en las calles de Bagdad.
En retrospectiva, quizás tomamos riesgos innecesarios. Como cuando seguimos la pista de un informante que nos llevó hasta un remoto centro de entrenamiento militar iraquí donde unos hombres desenterraban cuerpos de una fosa común. O cuando nos aventuramos a ir hasta la ciudad Saddr, conocida antes como Ciudad Saddam, incluso antes que el ejército estadounidense penetrara al área.
Pero de nuevo, mientras otros periodistas informaban acerca de la riqueza hallada en los palacios de Saddam, nosotros mostrábamos a nuestros televidentes lo que los periodistas "inmersos" que viajaban con el ejército, no podían mostrar porque no tenían acceso: Anarquía, confusión, la ira de los iraquís, los civiles heridos en hospitales, los niños de la guerra.
Viajar con la Cuarta División de Infantería no salvó del peligro a los periodistas Woodruff y Vogt. Corrían el mismo peligro que cualquiera corre en Irak en estos momentos, no importa que sean tropas norteamericanas, soldados iraquíes, figuras políticas, contratistas extranjeros o civiles. Es irónico que el reportaje en el que trabajaba Woodruff pretendía mostrar si los soldados iraquíes están listos para tomar el control de su país, de acuerdo con su co-presentadora Elizabeth Vargas. Justo dos días después el presidente Bush aparece en su discurso sobre el estado de la Unión diciendo que está optimista acerca de Irak.
Ser corresponsal de guerra es un trabajo peligroso. El que se mete conoce los riesgos. Pero la importancia de hacer llegar la verdadera historia a los televidentes, lectores o radioescuchas, pesa más que el miedo. Sin embargo, la de Irak no es una guerra convencional, con armas convencionales. Uno no sabe cuando el enemigo dará un golpe. Cómo será el golpe o quien es realmente el enemigo.
Realizar esta tarea es como jugar a la ruleta rusa. Según Periodistas Sin Fronteras, 79 periodistas han muerto en Irak desde que comenzó la guerra en el año 2003, 35 han sido secuestrados y dos están actualmente desaparecidos. En contraste, 63 periodistas murieron durante las dos décadas que duró la guerra en Vietnam.
Woodruff y Vogt son dos personas más que forman parte de lo que el ejército llama "daño colateral." Y como miles más, son víctimas de una guerra que ha perdido su rumbo, pero tuvieron la suerte de vivir para contarlo. |