| LA NUEVA LUCHA CONTRA LAS MARAS |
| escrito por Maria Elena Salinas |
| Fecha: 28/02/2006 |
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| Las calles de Centro América se siguen desangrando. La violencia pandilleril lejos de mermar va en aumento. En las primeras semanas del año se establecieron cifras record de asesinatos relacionadas con las pandillas. En el Salvador hubo 316 homicidios de los cuales el 60 por ciento se atribuyen a las pandillas. Ahora el gobierno salvadoreño quiere hacer su política de "Súper Mano Dura" aun mas dura.
La pequeña nación centroamericana creo un nuevo grupo elite de la policía dedicado específicamente a atacar a las pandillas y al crimen organizado. El grupo denominado GOPES -- Grupo de Operaciones Policiales Especiales -- estará integrado por unos 40 agentes de unidades de investigación. Se vestirán de negro y mantendrán sus rostros cubiertos. Esto sin duda avivara los recuerdos de la temida "Sombra Negra," grupo paramilitar formado luego de la guerra civil para eliminar a los pandilleros y a los escuadrones de la muerte que durante el conflicto armado se dedicaba a limpiar las calles de insurgentes izquierdistas y sus simpatizantes.
Honduras por su parte busca resolver el problema de la violencia con una formula completamente distinta. Hasta ahora las leyes anti-maras Hondureñas han sido aun más estrictas que las de El Salvador, pero no han dado resultado. El nuevo gobierno del Presidente Manuel Zelaya ha optado por utilizar una nueva arma. Junto al incremento en la fuerza policial, el gobierno ha aceptado dialogar con líderes de la Mara Salvatrucha y la 18, dos de las más violentas y temidas pandillas del mundo con una membresía en ese país estimada entre 40 y 50 mil jóvenes.
Ambas estrategias tienen sus riesgos. En El Salvador, la represión a las maras es recibida con más violencia. A pesar de que su plan de mano dura viene acompañado de un plan de mano amiga y mano extendida, esos presuntos programas de rehabilitación y prevención han sido un fracaso. Y ahora los archirivales están pidiendo una tregua para dejarse de matar entre si y luchar contra un enemigo común: El gobierno.
El Presidente Tony Saca le esta pidiendo ayuda a Estados Unidos exhortándole que deje de deportar a los pandilleros peligrosos a su país. Su pedido no será fácil de complacer ya que las deportaciones son precisamente el eje central de la lucha anti-pandillas del FBI. Más de 800 salvadoreños fueron deportados en Enero, unos 550 con antecedentes delictivos. Las deportaciones terminan creando un círculo vicioso de violencia. Pandillero deportado es pandillero que hará de las suyas en su país y volverá a regresar a Estados Unidos dejando por el camino una estela de nuevos crímenes.
Con todo y sus buenas intenciones el gobierno de Zelaya en Honduras podría estarse metiendo en camisa de once varas. Es un balance peligroso dialogar con criminales y delincuentes y permitir que sean ellos los que fijen la agenda. Líderes de las maras que dicen estar dispuestos a negociar, advierten que si no funciona habrá aun más violencia.
Los pandilleros no están exactamente en la mejor postura para lanzar ese tipo de amenazas. Ellos piden que les permita una re-inserción a la sociedad civil con programas de rehabilitación y trabajos, pero a la vez quieren seguir viviendo como pandilla. Los gobiernos deben ser capaces de darles una oportunidad de dejar atrás una vida de delincuencia, pero los pandilleros también deben estar dispuestos a cambiar su estilo de vida.
Poner a los lideres pandilleriles tras las rejas ha resultado un ejercicio inútil. Los pandilleros se siguen matando en las cárceles y la comunicación entre mareros sigue fluyendo dentro y fuera de las prisiones. Tanto en El Salvador como en Honduras no se puede luchar efectivamente contra el crimen mientras sigan existiendo sistemas judiciales y penitenciarios débiles e ineptos y mientras no se tenga la capacidad y la tecnología para investigar casos y un proceso que garantice tanto el cumplimiento de la justicia como el respeto a los derechos humanos.
Resolver el problema de la violencia entre pandillas no es nada fácil, si no ya se hubiera logrado. Por ahora la región esta pagando el alto precio de los estragos de una cultura de violencia causada por décadas de conflictos armados e inestabilidad política y Estados Unidos por sus mal dirigidas medidas contra la violencia pandilleril.
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