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EL ÚLTIMO SUSPIRO DEL ASESINO DE LOS RIELES
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 03/07/2006
 

Ni las apelaciones a la Corte Suprema de Justicia, ni los argumentos de incapacidad mental por parte de su abogado, ni las gestiones del gobierno de México pidiendo clemencia al gobernador de Texas Rick Perry, lograron evitar que Ángel Maturino Resendiz cumpliera su cita con la muerte el martes 27 de Junio.

 

Cuando me entere esa noche que su ejecución finalmente se había llevado acabo sentí la misma sensación espeluznante que percibí cuando lo entreviste en el pabellón de la muerte en Octubre del 2000. Es el estar tan cerca de la muerte sin poder justificarla. Es una teoría muy compleja: una persona le quita la vida a otra y por eso debe pagar con la suya. Por una parte nada resuelve, pero por otra se hace justicia.

 

El sistema judicial estadounidense tiene sus métodos para determinar si un asesino estaba o no en sus cinco sentidos cuando cometió un crimen y si ese convicto esta o no mentalmente capacitado para morir por su delito. Pero a mi hay algo me queda claro, cuando me senté a hablar con Resendiz en la prisión de máxima seguridad en Texas, estaba ante un hombre fuera de sus cabales.

 

De que otra manera pudiera explicarse que el llamado “Asesino de los rieles” no sentía ningún remordimiento al hablar no solo del crimen por el que fue convicto, si no por otros 15 que le imputaron y decenas mas que el mismo se adjudico.

 

Resendiz me aseguro nunca haber matado a nadie en México donde era conocido como un ciudadano ejemplar. Padre, hijo y maestro de escuela. ¿Por qué en Estados Unidos?, le pregunte. “Me comencé a enojar cuando la muerte de los niños en Waco (Texas). Muchos ya se olvidaron de esas muertes de niños inocentes…esas muertes las tengo siempre en la mente.”

 

¿Pero que tenia que ver la doctora Claudia Benton -- a quien Resendiz admitió haber matado en 1998 -- con la muerte de niños en Waco? Al pasar por su casa podía percibir que había un mal adentro, lo que, según Resendiz, lo llevo a entrar y descubrir que en su computadora había experimentos con bebes.

 

¿Y porque matar a la pareja de Weimar, Texas? “Ellos tenían libros de magia, libros de la oscuridad.” ¿Y la maestra Noemí Domínguez, de solo 26 anos de edad? “Tenia literatura pro-aborto.”

 

La lista de sus presuntas victimas es larga. Entre ellos hay ocho en Texas, dos en Illinois y la Florida, una cada una en Kentucky, California y Georgia. Pero Resendiz me aseguro que las autoridades se quedaron cortas.

 

¿Mataste a mas personas de las que te adjudican?, le pregunte. Risa, fue lo que salio de su boca. “Son muchas, muchas mas.” Tantas que perdió la cuenta. Resendiz me dijo que la mayoría de los que mato eran homosexuales, ya que en sus palabras, no pueden entrar al reino de Dios. Pero nunca admitiría cuantas y donde. “Si uno les da toda la información, no van a investigar. Ahora siempre estarán con la duda, si fui yo o no.”

 

Durante nuestro encuentro, Resendiz -- con quien había intercambiado cartas durante meses antes de entrevistarlo -- mostró señales contradictorias. Por una parte aseguraba no arrepentirse de ninguno de los asesinatos y por el otro decía que ojala no hubieran pasado.

 

Antes de morir parece haber recapacitado. En sus últimas palabras Resendiz pidió perdón a los familiares de sus victimas. Dijo haber permitido que el “diablo” gobernara su vida, que se merecía su ejecución.

 

A todos nos gustaría poder entender que hay dentro de la mente de un asesino en serie, particularmente cuando sus crímenes son al azar. Desafortunadamente en el caso del “Asesino de los rieles,” la única pista sobre lo que lo llevo a cometer sus crímenes podría ser su filosofía sobre la muerte.

  “Todos vamos a morir, pero yo no creo en la muerte como otra verdad, mi cuerpo si se va a podrir, pero yo no me muero voy a ser eterno,” me dijo al culminar nuestra entrevista. Lo cierto es que para los familiares que pierden a un ser querido, sea la victima o el victimario, el dolor si será eterno.