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LA EXPLOTACION DE TRABAJADORES INMIGRANTES UN AÑO DESPUES DE KATRINA
escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 21/08/2006
 

José adora a Biloxi. Le recuerda a su nativa Veracruz: la brisa del mar, los mariscos frescos y su bella vegetación. El inmigrante mexicano fue a Mississippi desde Oklahoma el pasado mes de noviembre con la esperanza de aprovechar las oportunidades de empleo en la reconstrucción después del paso del Huracán Katrina. No paso mucho tiempo antes de que el, tres de sus hermanos y su hijo, encontrar trabajo en una compañía de reparación de techos. Poco después les salio otro trabajo que pagaba aun mejor.

 

Y luego conoció a Paúl en una lavandería. El pastor de convicción y contratista de profesión le ofreció el trabajo ideal. Estabilidad, buena paga y apoyo espiritual. Como buen cristiano, para José era un trabajo caído del cielo. O por lo menos así lo parecía.

 

“Durante siete meses hice el trabajo que me pidieron. Una casa tras otra, reparé techos, levanté paredes, hice lo que fuese necesario para reparar casas dañadas por el huracán,” me dijo el hombre que prefiere no revelar su apellido. “Hubo momentos en los que trabajamos en varias casas a la vez.” Pero muchos de esos trabajos no fueron pagados o fueron mal pagados.

 

Las excusas fueron muchas: El trabajo tenía que re-hacerse. Tenían que esperar por las inspecciones o los propietarios no pagaban las cuentas. “Algunas veces el pastor me dijo que no recordaba haberme ofrecido pagarme cierta cantidad por un trabajo,” reclama José. Como resultado el techero de 62 años tuvo que enfrentar dificultades, hubo meses en que no le alcanzaba para pagar la renta, algunos no tenía ni para comer. Dice que le deben entre $30,000 y $40,000.

 

“Como él hay miles,” dice Vicky Cintras, coordinadora de la Alianza por los Derechos del Inmigrante de Mississippi -- conocida como MIRA por sus siglas en ingles. El grupo que funciona con donaciones privadas contrató a Cintras, una activista pro inmigrante para abogar por los derechos de los inmigrantes en comunidades afectadas por Katrina.

 

Lo que ella ha encontrado durante el último año han sido tanto abusos contra víctimas de la tormenta como explotación de trabajadores inmigrantes que ayudan en la reconstrucción. Cintras esta tratando de convencer al ex empleador de José para que le pague lo que le debe, y tiene un historial de buenos resultados.

 

Tan sólo en Mississippi MIRA ha podido recuperar por encima de $730,000 dólares en salarios no pagados a inmigrantes, incluyendo el pago por horas extra. “No existen leyes laborales en Mississippi, así que seguimos las regulaciones federales que son difíciles de imponer a nivel estatal,” dice ella. “Eso facilita la explotación de trabajadores porque se piensa que ellos no tienen ni el tiempo ni el dinero para defenderse a sí mismos,” especialmente personas como José que son indocumentadas.

 

Pero los trabajadores indocumentados no son los únicos inmigrantes explotados por sus empleadores en la región del golfo. Una demanda fue presentada la semana pasada a nombre de trabajadores huéspedes de todas partes de Latinoamérica que fueron reclutados para ayudar en las tareas de reconstrucción de Nueva Orleans después de Katrina.

 

La demanda contra la cadena de Hoteles Decatur alega que a los trabajadores huéspedes les prometieron trabajo permanente, paga justa y condiciones de vida decentes. Muchos de ellos tuvieron que hacer grandes sacrificios para pagar a sus reclutadores los elevados costos de sus visas de trabajo. Pero sus sacrificios aparentemente no han dado fruto.

 

Abogados de los trabajadores dicen que ellos no alcanzan a ganar lo suficiente ni para pagar sus deudas con los reclutadores, mucho menos mantener a sus familias en sus países de origen. Tampoco pueden aceptar un segundo trabajo o buscar uno mejor pagado porque estarían violando las condiciones de sus visas. La empresa por su parte niega las acusaciones.

 

Legales o no, los inmigrantes que fueron atraídos al área o que trataron de aprovechar lo que parecían buenas oportunidades de trabajo, han caído víctimas de lo que Cintras llama “Explotadores que no discriminan.” Algunos de ellos se aguantan, otros buscan justicia.

 

José por su parte espera que MIRA le ayude a recuperar el dinero que le debe el pastor. Se siente traicionado por él. “Nunca esperé que un hombre de fe me engañara de esa manera,” dice. Por ahora trabaja con gente que espera tenga mejores escrúpulos. Planea permanecer en Biloxi, que a pesar de todo, le sigue recordando a su querida Veracruz.

 ***(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)