Nueva Orleáns -- Darlene Kattan trata de acomodarse en su nuevo apartamento en el oeste de Nueva Orleáns. Todo lo que tiene, desde los muebles hasta las sabanas y almohadas, las decoraciones y utensilios de cocina, la ropa, las joyas y hasta los zapatos, todo, le fue donado por amigos y por amigos de sus amigos. “Yo que me vestía con ropa de diseñador, ahora uso moda de refugiada,” dice acerca de su nuevo guardarropa. “Hoy soy Teresa, ayer yo era Clara.”
Es mucho más fácil para Darlene bromear acerca de su desgracia que llorar como lo había estado haciendo la mayor parte del año pasado. Acostumbrada a la buena vida, ella ha tenido que vivir de la generosidad de amigos y personas extrañas, yendo de casa en casa, cambiando de vivienda 18 veces en los pasados 12 meses.
La ex financista es una de las miles de víctimas del Huracán Katrina, la “destructora de oportunidad equitativa” como ella prefiere llamar la tormenta que afectó a todos, jóvenes y viejos, ricos y pobres. Antes de la tormenta vivía en una elegante casa de tres dormitorios a orillas del lago Pontchartrain. Ahora su modesto apartamento de un dormitorio le parece un palacio.
Pero no son las cosas materiales que perdió en el huracán ni su distinguido círculo social lo que ella más extraña, sino los recuerdos de lo que fue su vida. “A veces me siento como una persona sin pasado porque no puedo documentar mi existencia antes de la tormenta,” dice. No hay retratos de la niñez, ni cartas de sus amigos, ni regalos, cuadros, pinturas, nada. Todo fue destruido por Katrina.
Kattan, la hija de un inmigrante hondureño que fue voluntaria de la Cámara de Comercio Hispana de Louisiana, es ahora su presidenta. Ella dedica su tiempo a ayudar a la vasta comunidad hispana del área a rehacer sus vidas.
Por complicado que sea, reconstruir vidas ha resultado ser más fácil que reconstruir viviendas. Manejando por las calles de Nueva Orleáns se pueden ver vecindarios enteros que dan la apariencia de que la tormenta apenas hubiese golpeado ayer. Los escombros amontonados en las calles y el hedor de animales muertos convierten a la que fuera una próspera metrópoli en tierra de nadie.
Cientos de miles de personas que no tenían seguros o dinero para reedificar sus viviendas han tenido que ubicarse en otras áreas. Muchos de los que si tenían seguros han sido ignorados por las compañías de seguros que se esconden detrás de los ternísimos en los contratos para eludir la responsabilidad de cubrir los daños.
Un año después del paso del huracán el gobierno todavía no ha decidido que vecindarios deben ser reconstruidos primero y todos parecen estar a la espera para ver si la nueva temporada de huracanes será más benigna que la anterior.
Así como Darlene, Daniel Millan no permitió que su desgracia lo tumbara. Millán tomó la decisión de reconstruir él mismo su vivienda. “Me traje a mis cuñados que son contratistas en la Florida para ayudarme a reparar los daños de mi casa y hacerla habitable,” me dijo. Luego de haberse refugiado en Houston después que la tormenta inundó completamente su nueva casa, Millán regresó cuatro meses después para empezar de nuevo.
Trabajó incansablemente para recuperarse de sus pérdidas y para ayudar a levantar a la ciudad que ha aprendido a querer. Como administrador de un elegante restaurante en el Barrio Francés, ahora Millán trata de enviar el mensaje de que no todo está destruido en Nueva Orleáns. “Hay zonas que están muy bien. Nos hemos levantado y la gente tiene que saber que estamos aquí para darles la bienvenida a nuestra ciudad.” Una muy necesitada bienvenida para una ciudad que necesita desesperadamente el apoyo de los visitantes.
Nueva Orleáns tiene la suerte de contar con personas como Darlene y Daniel que están dispuestos a ayudar a devolverle el alma a pesar de sus propias dificultades. “Seria muy fácil irme a Dallas, Houston o Miami,” dice Darlene. “Pero esta es mi ciudad y tengo la obligación moral de quedarme. Seria como tener un niño muy enfermo y decirle nos vemos en 20 años cuando te recuperes. Hay que quedarte aquí, hacer el sacrificio para ayudar al niño a mejorarse.” Tomara tiempo, pero se mejorara.
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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)
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