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"Yo soy la hija de mi padre"



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LOS DOLARES DE LOS INMIGRANTES LLEGAN LEJOS

escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha: 5/11/2006
 

Todos los viernes por la tarde Rosa, quien trabaja como niñera en Miami, va a una tienda para enviar $250 a sus hijos en Nicaragua. En un país donde el promedio de ingresos es de alrededor de $100 al mes, el dinero que gana con el sudor de la frente, llega muy lejos. Permite que sus hijos, quienes viven con su hermana, puedan ir a un colegio privado, usar transporte privado, comprar ropa y alimentos, y pagar los servicios públicos. El resto del dinero es usado para ayudar a sostener a sus padres ya mayores que viven en Nicaragua.

Así como Rosa (nombre ficticio), existen millones de familias en América Latina que viven del dinero que sus seres queridos envían a casa desde el extranjero. Este año las remesas enviadas a la región desde todo el mundo se espera alcancen $60 mil millones. De ellos, $45 mil millones procederán de Estados Unidos. Eso es significativamente más que los $30 mil millones que los inmigrantes enviaron a casa en el 2004.

Pero mientras existen países que virtualmente viven de las ganancias de sus compatriotas que viven en Estados Unidos, un nuevo estudio muestra que éstos dejan la mayor parte del dinero en este país. Las remesas enviadas a América Latina equivalen a menos de un 10 por ciento de los ingresos de los inmigrantes calculados en cerca de $500 mil millones anualmente. Eso significa que un 90 por ciento del dinero ganado por trabajadores inmigrantes permanece en Estados Unidos y ayuda a mover las economías locales.

El estudio, comisionado por el Fondo de Inversión Multilateral del Banco Interamericano de Desarrollo -- líder en préstamo de recursos para programas de desarrollo social en Latinoamérica y El Caribe -- arroja datos interesantes.

Por ejemplo: El mayor aumento de remesas proviene de áreas fuera de los estados donde tradicionalmente viven más latinos como California, Texas, Nueva York y Florida. Las remesas de Nuevo México prácticamente se triplicaron en los últimos dos años. En Luisiana aumentaron de $61 millones a $208 millones, en parte a causa de todos los inmigrantes que llegaron allí para ayudar en la reconstrucción de las áreas afectadas por el Huracán Katrina. En Georgia, Virginia, Maryland, Tennessee, Pensilvania, Arkansas, Nebraska y en Iowa las transferencias de dinero aumentaron un 80 por ciento.

Esto demuestra que los inmigrantes están dispuestos a ir a donde haya trabajos disponibles, y también que representan una poderosa fuerza económica en el hemisferio. El año pasado México recibió más de $20 mil millones en remesas, convirtiéndose en la tercera fuente de ingresos después de las exportaciones de petróleo y las manufacturas. Brasil recibió más de $6 mil millones, Colombia más de $4 mil millones y Guatemala casi $3 mil millones. Los dominicanos en Estados Unidos enviaron a casa $2.6 mil millones en el 2005 y los salvadoreños $2.8 mil millones llegando a ser la principal fuente de ingresos de ese país procedente del extranjero. Los $860 millones que recibe Nicaragua constituyen el 16 por ciento del Producto Interno Bruto de ese país.

Con esa clase de dinero literalmente circulando no es de extrañar que muchas compañías traten de obtener un pedazo del negocio. La industria de las remesas se ha vuelto mucho más competitiva. Ya no es tan sólo un negocio de pequeñas tiendas y de compañías de transferencias de dinero, sino también de bancos y de otras instituciones financieras que ofrecen sus servicios a inmigrantes, tratando de atraerlos para que envíen sus remesas a través de entidades financieras más formales.

La barrera del idioma, el estatus legal o simplemente la falta de conocimiento del sistema mantiene a muchos inmigrantes lejos de los bancos. Pero algunos bancos con filiales en ambos lados de la frontera tratan ahora de ganar su confianza, simplificar el proceso y reducir los requisitos para dar acceso a los inmigrantes a servicios que pueden ayudarles a construir y proteger sus patrimonios, tal como cuentas de ahorros, seguros, préstamos e hipotecas. Como resultado, las inversiones de los inmigrantes tanto en pequeñas empresas como en bienes raíces en sus países y en su nuevo país adoptivo han aumentado dramáticamente.

Gobiernos de América Latina defienden los derechos de sus ciudadanos que viven en Estados Unidos no solo por razones humanitarias, sino porque ellos ayudan a mantener sus economías en crecimiento. Es lamentable que en Estados Unidos los inmigrantes sean vistos por algunos como una carga para nuestro país, ya que la hora de tomar en cuenta el fruto de su trabajo, los dólares que ganan, llegan muy lejos en ambos lados de la frontera.

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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)

© 2006 by Maria Elena Salinas

Distributed by King Features Syndicate