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VENEZUELA, ROJA-ROJITA

escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha:10/12/2006
 

Caracas, Venezuela -- De todas las frases pintorescas y políticamente cargadas que escuché durante mi cobertura del proceso electoral en Venezuela, “roja-rojita,” es la que más me llamó la atención. Las mujeres en el popular barrio de San Agustín se reían al repetirla. Me mostraban el dedito con tinta indeleble luego de votar. Apuntaban a su ropa colorada. Roja, rojita.

Lo que no me quedó claro es si simplemente repetían un slogan hecho popular por el presidente Hugo Chávez durante su campaña de reelección o si se autoproclamaban comunistas por convicción.

Después de la hoz y el martillo, el color rojo es quizás el símbolo más identificable del comunismo alrededor del mundo. Juro que el presidente Chávez debe tener por lo menos unas 20 camisas rojas. Boinas rojas, quizás tenga 30. El carro presidencial es un escarabajo Volkswagen, color rojo.

Chávez le dedicó su victoria electoral a su “camarada Fidel Castro y al pueblo amigo y solidario de Cuba.” Pero ¿Chávez, comunista? ¿Chávez, dictador? Al comandante le causa risa la sugerencia. “Este es el país más democrático del continente,” suele decir. ¿Si Chávez implementa un régimen comunista al estilo Cuba, lo seguiría apoyando?, le pregunté a varios chavistas el día de los comicios. “Eso no va a ocurrir,” me aseguraron unos. “Venezuela no es Cuba,” me decían otros.

Parece haber una fuerte convicción en Venezuela de que a su país no llegará el comunismo, incluso entre algunos miembros de la oposición. Pero al mismo tiempo se están rascando la cabeza tratando de descifrar que es lo que pretende Chávez que ha prometido una “profundización, ampliación y expansión de la revolución bolivariana.”

“Viva la revolución socialista,” dijo Chávez desde el balcón del pueblo en el palacio presidencial de Miraflores ante miles de simpatizantes con quienes celebraba su victoria la noche de los comicios. “Que nadie le tenga miedo al socialismo ... el socialismo es humano, el socialismo es amor.” “Venezuela, lo hemos demostrado, es roja-rojita.”

Con su triunfo, Chávez se consolida en el poder. Asegura que lo que viene es el “socialismo del siglo 21.” “Eso es puro gas, no tiene contenido,” me dijo Teodoro Petkoff, un ex guerrillero, ex líder socialista y director del diario Tal Cual de Caracas. “Chávez nunca le ha explicado a nadie en que consiste el socialismo del siglo 21, nadie sabe de que se trata,” me dijo Petkoff, quien puso a un lado sus aspiraciones presidenciales para apoyar a Manuel Rosales como único candidato de la oposición.

Como proyecto económico no existen indicios de que Chávez siga el modelo de Cuba, pero en lo político, según Petkoff, hay señales en el aire. “El gobierno ya es autoritario, autocrático y militarista,” dijo. Lo que Chávez podría profundizar son sus programas sociales pagados por la enorme ganancia del petróleo. Se espera también que utilice el aparato educativo para inculcar los “valores de la revolución.”

Recorriendo las calles de San Agustín pude ver lo que motiva a sus seguidores a defender a Chávez hasta la muerte. “Mi presidente me da mis remedios, no quiero que me quiten a mi presidente,” me dijo una anciana que podría beneficiarse de unos implantes de dientes. “Con Chávez en el poder seis de mis sobrinos han entrado a la universidad. Antes sólo los ricos podían aspirar a los estudios universitarios,” me dijo otra señora.

A sus seguidores más acérrimos no les importa la ideología, ni los calificativos o definiciones del gobierno que lleva Chávez. En su mayoría son pobres que tienen miedo a perder lo poco o mucho que han salido ganando desde que llegó al poder. Chávez se codea con ellos, les habla en su idioma, les llena las pancitas vacías a sus hijos. Rojo-rojito.

Luego de ocho años como presidente, Chávez continuará llevando las riendas de Venezuela hasta por lo menos el 2013. Lo único que si se sabe sobre las intenciones de su próximo mandato es el propósito de formar un comité que analice nuevamente la constitución y busque formas de reformarla para permitir la reelección indefinida. Hay Chávez para rato.

***

(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)

© 2006 by Maria Elena Salinas

Distributed by King Features Syndicate