Estimado Papá Noel (también conocido como Santa Claus):
Espero que al recibo de ésta carta se encuentre bien en compañía de la señora Claus y sus duendes allá arriba en el Polo Norte. Aquí me tiene escribiéndole de nuevo, como ha sido mi costumbre desde que era niña. Me disculpo por no haberlo hecho el año pasado pero tuve que escribirle a la Madre Naturaleza en vez de a usted debido a las espantosas tormentas que causaron tanto caos alrededor del mundo. Creo que ella escuchó mis súplicas porque en verdad fue un poco más misericordiosa este año.
Esta vez, más que enviarle una lista de deseos, quiero decirle lo feliz que me siento porque mi hija de 9 años continúa creyendo en usted. No se puede imaginar el gran alivio que eso representa para mí. Es difícil encontrar hoy en día personas que crean en algo o en alguien. Aunque realmente no podemos culpar a los incrédulos. Hoy en día hay tantas mentiras, pretextos y engaños. Tanto fraude y corrupción. Las personas son manipuladas, mal informadas y burladas. Uno ya ni sabe en quién confiar.
Imagínese, se nos ha dicho que estamos ganando la guerra en Irak pero al mismo tiempo una comisión bipartidista nombrada por la Casa Blanca nos dice que la estrategia del gobierno no funciona. Resulta que la situación es peor que lo que oímos permanentemente en los medios de comunicación. El panel advirtió que las cosas están empeorando y que quizás estemos al borde de una catástrofe humanitaria. Le tomó unos días al presidente norteamericano George Bush convencerse de que existe una necesidad de cambio en la línea de acción, y finalmente empezó a escuchar opiniones y sugerencias de personas distintas a los amigos de su padre.
¿No es asombroso ver cómo los individuos menos confiables son quienes ostentan el poder? Recientemente Transparencia Internacional, una organización que lucha contra la corrupción en el mundo, preguntó a ciudadanos de 62 países si tuvieron que pagar sobornos para obtener servicios básicos y a quién. ¿Puede usted creer, querido Santa, que los políticos ocupan el primer lugar entre los más corruptos? ¿Y que los próximos en la lista son los policías? En nuestro hemisferio, México, empatado con Bolivia, aparecen como los países más corruptos.
Hablando de México ¿vio usted ese espectáculo durante la ceremonia de juramentación del nuevo presidente hace un par de semanas? Fue vergonzoso. Legisladores tratando de impedir a puñetazos que el entonces presidente electo Felipe Calderón tomara juramento ante el congreso. No se justifica esa clase de comportamiento en personas adultas y más aún, en oficiales elegidos por el pueblo, pero eso es lo que sucede cuando falta confianza en el proceso electoral. Existe un buen número de mexicanos que no creen que Calderón ganó la elección. Querían un recuento total de los votos y apenas lograron un recuento parcial. Es irónico porque todos los partidos aprobaron las nuevas reglas electorales, entonces algunos dejaron de creer en ellas cuando no obtuvieron los beneficios políticos que esperaban.
La falta de confianza en los políticos ha sido grande este año en Latinoamérica. Varios países acabaron por elegir candidatos populistas porque no creen en los partidos tradicionales. Los bolivianos escogieron al líder izquierdista de los trabajadores indígenas Evo Morales y los ecuatorianos se inclinaron también hacia la izquierda eligiendo al economista Rafael Correa. Los venezolanos mantuvieron a Hugo Chávez en el poder porque nunca creyeron que el candidato opositor Manuel Rosales ayudaría a los pobres. Por otro lado, en Nicaragua, los votantes decidieron dar una segunda oportunidad a Daniel Ortega. Parece que no creyeron en las advertencias de que Ortega regresará al tiempo pasado haciéndoles vivir el caos de la época sandinista.
Podría continuar, hay cosas de sobra para contarle. Estoy segura que con todo esto usted se da una idea clara de los acontecimientos. Lo importante es que existe todavía alguna inocencia en el mundo. Todavía existen aquellos, como mi hija, que piensan que usted puede dar la vuelta al mundo en cuestión de horas y traer alegría a los que creen. Así que siga adelante y haga trabajar su magia. A fin de cuentas, usted sabe quiénes han sido buenos y malos, traviesos y bondadosos ¿No es cierto?
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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)
© 2006 by Maria Elena Salinas
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