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LA MENTALIDAD TERCERMUNDISTA DE TANCREDO

escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha:04/02/2007
 

El congresista Tom Tancredo está mostrando sus verdaderos colores. El representante de Colorado, mejor conocido como el máximo exponente del movimiento anti-inmigrante en la Cámara de Representantes, ha dirigido ahora sus ataques contra sus propios colegas, mostrando que no solamente tiene problemas con los inmigrantes indocumentados, sino con miembros de las minorías étnicas.
La última propuesta de Tancredo es abolir en el congreso lo que él llama grupos basados en la raza. Es decir, sugiere, como lo hizo antes en el 2003, que grupos como el Comité Negro del Congreso, La Asamblea Congresional Hispana y la Conferencia Hispana del Congreso -- integrada por hispanos republicanos -- no deben existir. Según el, son grupos divisivos y contrarios a la meta de tener una sociedad ciega a los colores raciales.
Parece ser que los únicos colores que Tancredo no quiere ver son el negro y el marrón, con el que algunos describen a los latinos. Pero son precisamente éstos “grupos con bases raciales” los que preparan el terreno para lograr la meta de tener una verdadera sociedad sin distinciones raciales. Los comités de la minorías, los programas de acción afirmativa y el Acta de los Derechos de los Votantes, entre otros, son necesarios simplemente porque el racismo y la desigualdad en Estados Unidos están todavía vivitos y coleando.
Existen literalmente centenares de organizaciones en todo el país basadas en raza o género sexual que unen a profesionales de todo tipo, estudiantes, líderes cívicos y activistas de derechos civiles y que contribuyen ampliamente al desarrollo de nuestras comunidades. Ellos forman parte de la diversidad que hace de Estados Unidos el gran país que es.
Hace unas semanas Tancredo levantó una polvareda y avergonzó a sus colegas republicanos cuando llamó a Miami una ciudad tercermundista. Dijo que uno podría colocar a la ciudad en cualquier lugar del país y nunca se daría cuenta que estuvo en Estados Unidos. Es verdad que Miami es una ciudad de diversidad étnica con un toque internacional, pero difícilmente se le pueden atribuir condiciones de ciudad tercermundista. Entre otras cosas cuenta con una comunidad cubano-americana integrada en su mayor parte por refugiados políticos, que no tienen un problema migratorio como los indocumentados a quienes Tancredo ataca.
Los comentarios de Tancredo no fueron bien recibidos por el entonces gobernador de la Florida Jeb Bush. El hermano menor del presidente, quien regresó a vivir a Miami tras dejar la gobernación, envió a Tancredo una carta en la que le expresa desilusión por sus “comentarios despreciativos” con respecto a su ciudad.
“Todas las etnias en La Florida contribuyen a nuestra economía, ayudan a hacer crecer nuestras comunidades y enriquecen nuestra herencia cultural,” dijo Bush. Terminó su carta indicando que hay una lección que debe aprenderse de todo esto. “Quizás sus ingenuos comentarios sirven como buen recordatorio para disminuir el odio, la frustración y la emoción que rodean el asunto de la inmigración. La retórica recalentada no resolverá este asunto.”
Desafortunadamente lo único que consiguió la carta fue hundir a Tancredo más en su odio. Al día siguiente respondió con comentarios aún más despectivos acerca de Miami. La congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen trató de aliviar la situación invitando a Tancredo a Miami pero ésta vez no fue el congresista de Colorado quien no quiso tener nada que ver con el área a la que él se refirió como uno de “los sectores más peligrosos de Estados Unidos,” sino que el personal de servicio del restaurante donde iba a pronunciar un discurso, se negó a atenderlo.
Atrapado en su mundo xenófobo, Tancredo parece creer en su propia retórica. Dijo al periodista Wolf Blitzer de CNN en una entrevista, que en un sondeo realizado por el Miami Herald el 70 por ciento de las personas que respondieron lo apoyaron. Mi oficina consultó al Herald acerca del presunto sondeo mencionado por Tancredo y nos dijeron que nunca realizaron una encuesta sobre el tema.
Ahora Tancredo quiere ser candidato a la presidencia convirtiendo a la inmigración en asunto central de su campaña. Seguro que existen millones de norteamericanos de diversos grupos étnicos que comparten sus puntos de vista sobre inmigración. Pero una cosa es el estar opuesto a un sistema migratorio que todos coinciden esta resquebrajado, y otra es que se aproveche el foro que da una carrera por la Casa Blanca para propagar mensajes de fanatismo e intolerancia. Eso es precisamente lo que hacen gobernantes radicales en países del tercer mundo.

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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)
© 2007 by Maria Elena Salinas
Distributed by King Features Syndicate