Estimados Senadores:
Espero que las cosas marchen bien. Sé que están en medio de una importante sesión legislativa con muchos asuntos cruciales por tratar. Tanto que hacer en tan poco tiempo. Pero antes que se agote su agenda y se vayan al receso de verano, quise dar seguimiento a una carta que les escribí hace algunas semanas. En caso de que se perdiera dentro del montón de correspondencia que han estado recibiendo recientemente, les comento que básicamente se trataba de algunos consejos sobre como lidiar con el asunto migratorio para evitar que sean cegados por las irracionales fuerzas antiinmigrantes.
Mi primer consejo fue el de alejarse -- tanto como les sea posible -- de la palabra “Amnistía.” No sé por qué, pero cuando la gente escucha la palabra amnistía es como si su propia existencia fuera amenazada. Muchos de ustedes obviamente no lograron protegerse del diablito que les susurraba al oído y le decía que no apoyen la reforma migratoria, que la hicieran pedazos antes de que “esa invasión extranjera destruya nuestro estilo de vida.” No me mal interpreten, no trato de restarle importancia o trivializar el tema, pero creo que cuando ustedes están considerando la solución a un problema como éste, tienen que ver las alternativas y ser pragmáticos.
Después de escuchar atentamente el debate sobre la reforma migratoria desde los dos puntos de vista, veo que quienes se oponen se basan en el deseo de asegurar primero la frontera y el argumento de que abrir la puerta a la ciudadanía a los indocumentados equivaldría a recompensar a personas por romper la ley.
Ante todo, dudo seriamente que haya alguien en este país que no crea que existe la necesidad de proteger nuestras fronteras. Quizás halla desacuerdo en cómo hacerlo, pero estoy segura que todos creen que Estados Unidos tiene el derecho de controlar -- de una manera u otra -- quien entra al país. La propuesta de reforma migratoria que ustedes han analizado en estos días contiene provisiones de como aumentar los esfuerzos ya existentes para asegurar la frontera. Al no aprobarla, no habrá esos esfuerzos adicionales. La reforma propone también un programa de trabajadores huéspedes según el cual Estados Unidos puede controlar quién entra a trabajar de manera temporal. Sin la reforma, los trabajadores migrantes seguirán cruzando simplemente porque hay trabajos que tan sólo ellos están dispuestos a realizar llenando un vacío o cubriendo una necesidad.
Ahora, en cuanto los indocumentados que ya viven en el país, hasta ahora nadie ha presentado una mejor propuesta sobre como lidiar con este asunto, que la presentada en el proyecto bipartidista. Queda claro por ahora que es imposible detener a 12 millones de personas y enviarlas de regreso a docenas de países en todo el mundo. Muchas de esas personas ya tienen raíces en Estados Unidos. Tienen trabajos, pagan impuestos, tienen hijos que son ciudadanos estadounidenses y ayudan a mantener nuestra economía en crecimiento.
Sobre como llegaron a este país, es importante mantenerlo en perspectiva. Es verdad que algunos de estos inmigrantes cruzaron la frontera sin la documentación apropiada y otros llegaron aquí con una visa legal y se quedaron después de que expirara. Existen sanciones y multas dentro del proyecto de reforma migratoria que imponen un castigo y establecen una larga lista de requisitos antes que alguien considere convertirse en residente legal.
La reforma migratoria es probablemente uno de los asuntos más difíciles que ustedes han tenido que tratar en tiempos recientes porque afecta a muchas personas y despierta pasiones en puntos extremos. Pero si han avanzado tanto, deben considerar el darle otra oportunidad. El no hacer nada no debe ser una opción. Mantener el estatus quo sería el equivalente a una “amnistía silenciosa” como le ha llamado la gobernadora de Arizona Janet Napolitano; o una “amnistía de facto” como la denomina el senador y aspirante presidencial republicano John McCain. Hacer nada sería como tener una oportunidad de resolver uno de los problemas más graves que ha enfrentado nuestra nación en décadas y decidir darle la espalda.
Atentamente,
Tan sólo otra contribuyente estadounidense.
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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)
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