Como de costumbre durante esta época del año, se espera que más de un millón de inmigrantes mexicanos que radican en Estados Unidos crucen la frontera para pasar la temporada navideña con sus seres queridos. Pero esta vez se añade un nuevo elemento a su viaje, muchos de ellos podrían estar haciendo un viaje de una sola vía, de regreso a casa.
Los inmigrantes mexicanos están enfrentando cada vez mayor dificultad para vivir en Estados Unidos. Esta tierra de oportunidades que alguna vez acogió la ética de su trabajo y sus extraordinarias habilidades, se ha convertido para algunos en una tierra de rechazo, persecución y humillaciones. Un país que apreció y se aprovechó de su fuerza laboral, ahora les dice a los inmigrantes que ya no son bienvenidos.
Para muchos, emigrar a este país representa una oportunidad única en sus vidas de trabajar y mejorar la calidad de vida de sus familias. Algunos han echado raíces aquí. Muchos se han casado, han tenido hijos, han llegado a ser una parte esencial de sus comunidades y parroquias. Otros, sin embargo, han planeado apenas ahorrar dinero suficiente para regresar a casa y construir un mejor futuro. Para éstos últimos, quizás ese momento de regresar ha llegado.
No existen cifras exactas, pero las historias abundan de inmigrantes que han decidido no regresar a Estados Unidos después de pasar sus vacaciones al sur de la frontera. Y es que aquí las cosas ya no son iguales. Los crímenes por odio se han incrementado. La discriminación y los ataques por origen racial están en aumento a consecuencia del ambiente hostil hacia los inmigrantes indocumentados. Las redadas contra inmigrantes y los arrestos colaterales mantienen a la gente viviendo atemorizados. Muchos padres incluso tienen temor de llevar a sus niños a la escuela por no saber si van a terminar arrestados y separados de sus familias, aunque los niños sean ciudadanos estadounidenses.
Para los que regresan, bien sea como consecuencia de la deportación o por repatriación voluntaria, el gobierno mexicano se prepara para recibirlos y darles la bienvenida a casa. El 18 de diciembre, el presidente mexicano Felipe Calderón fue hasta la ciudad fronteriza de Tijuana, el puerto de entrada más ocupado en la frontera entre México y Estados Unidos, para saludar a sus paisanos.
Fue un gesto simbólico que coincidió con la celebración del “Día Internacional del Migrante” declarado como tal en el año 2000 por Naciones Unidas. En ese mismo día, diez años antes, la ONU adoptó la Convención Internacional para la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migrantes y Miembros de sus Familias. El documento es un recordatorio de que todos los seres humanos nacen libres y deben ser tratados por igual y con dignidad, sin importar su raza, color de piel o nacionalidad.
Calderón, quien ha sido muy critico de lo que ha llamado el enfoque anti-mexicano en las campañas políticas norteamericanas, salió una vez más en defensa de sus compatriotas. Negó que los trabajadores mexicanos representen un problema social, económico o aún de seguridad para Estados Unidos. “Se equivocan quienes por ignorancia, por mala fe, por interés político o económico, buscan presentar a los migrantes mexicanos o incluso a los mexicanos en general, como enemigos de Estados Unidos,” dijo.
Agregando que los trabajadores mexicanos benefician actualmente la economía de Estados Unidos generando ingresos anuales por unos $30 mil millones, Calderón advirtió que el trato enfermizo a los inmigrantes mexicanos no sólo genera tensiones innecesarias en las relaciones bilaterales, sino que también “debilita el desarrollo de América del Norte en su conjunto.”
El presidente mexicano aprovechó su viaje a la frontera para anunciar la implementación de un nuevo programa del gobierno. La Repatriación Humana proporcionará alimento, refugio, ayuda médica y trabajo temporal para los que son deportados cada año. El programa comenzará oficialmente en el 2009 pero se establecerá como programa piloto en el 2008.
Después de uno de los años más hostiles contra los inmigrantes que viven en Estados Unidos el ser recibido con los brazos abiertos en su regreso a casa, le estara dando un nuevo significado a la “Feliz Navidad.”
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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)
© 2007 by Maria Elena Salinas
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