Hubo una época en que las cumbres de presidentes eran “el acontecimiento.” Se movilizaba la prensa a donde fuera y hacían malabares para tratar de conseguir las mejores imágenes y de repente alguna declaración exclusiva. Pero hace tiempo que las cumbres comenzaron a perder su glamour. No pasan de formalidades y protocolo, una declaración final con promesas de trabajar para resolver los males del mundo, la foto oficial y cada quien a su país con su sequito y agentes de seguridad.
La vigésima edición de la cumbre de los países del Grupo de Río en República Dominicana, no presagiaba con ser la excepción, pero lo fue. El tema central de la energía paso a un segundo plano para dar paso a una extensa discusión de la crisis que se desato una semana antes entre Colombia y Ecuador luego que ejército colombiano incursionara a territorio Ecuatoriano para cazar a Raúl Reyes, segundo al mando de la guerrilla de las FARC.
Casi de inmediato se metió en el asunto el presidente de Venezuela Hugo Chávez expulsando al cuerpo diplomático Colombiano de su país y enviando tropas a la frontera con Colombia. Y, como si fuera un juego de domino al estilo “Socialismo del siglo 21,” el presidente de Nicaragua Daniel Ortega se enfilo con sus homólogos y también rompió relaciones con Colombia.
Ya cuando llegaron todas las partes involucradas a Santo Domingo, no fue necesario que el diálogo subiera de tono porque subido estaba desde que los presidentes Chávez, Correa, Ortega y Uribe se lanzaran acusaciones y contra acusaciones poniendo a la región al borde de la guerra. Pero si se dio un tenso dialogo que mantuvo a los presentes y quienes lo seguimos de cerca pegados al televisor.
Uribe acusaba a Correa de proteger a los terroristas de las FARC en su territorio y de haber recibido fondos de ellos para su campaña. Correa lo negó, llamo a Uribe mentiroso y se declaro indignado por la “agresión a su patria.” Uribe denuncio que desde el 2004 a la fecha las FARC han producido desde Ecuador, 40 ataques contra territorio colombiano. Correa advirtió a los dominicanos sobre una invasión de Uribe si habría por allí un Raúl Reyes. Uribe respondió que si así fuera, el gobierno dominicano colaboraría y le pidió a Correa que no aplicara el “cinismo de los nostálgicos del comunismo.”
Así fue como el tema central paso de la energía a la enérgica confrontación entre los adversarios. Los presidentes de México, Argentina, Brasil y Honduras, entre otros, trataron de aportar soluciones al percance internacional que amenazaba con convertirse en un conflicto armado. Hasta Chávez, trato de limar asperezas diciendo “si seguimos diciéndonos cosas esto se va a calentar.”
Pero fue la oportuna intervención del anfitrión, Leonel Fernández, la que en cuestión de minutos se convirtió en una inesperada solución. “Lo que todos quisiéramos aquí es que esta reunión termine con un abrazo, dándose la mano los presidentes,” dijo Fernández.
Allí llego el momento insólito. Uribe se levanto de su silla, camino al otro lado de la sala, estrecho la mano de Correa y le dio un palmazo en la espalda, luego se fue a darle un abrazo a Chávez y hasta Daniel Ortega entro en la empalagosa formula en la que solo faltaron los besos. Todo mundo se perdono, y quedaron como amiguitos y buenos vecinos.
Uribe, quien no vacilo en pedir perdón, sabiendo que justificadamente o no había sido el agresor, se mostró valiente y tolerante. A Chávez, quien fuera el principal instigador de la crisis, la prensa en su país le atribuyo haber sido el gran conciliador y logro que Uribe retirara denuncias contra el en cortes internacionales. Hasta Daniel Ortega salio ganando con la promesa de Uribe de respetar la decisión de la Corte Internacional de La Haya en el conflicto por unas islas entre los dos países. Y por supuesto Leonel Fernández quedo como el príncipe de la Paz.
Ese no era necesariamente el final que esperaba Correa, pero tuvo que aguantarse la imprevisible solución. Todos quedaron bien menos el, que acabo con cara de niño regañado. La vigésima cumbre del Grupo de Rió paso a ser una Cumbre para la Historia y Santo Domingo la capital de la reconciliación.
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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)
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