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FIEBRE DE FÚTBOL

escrito por Maria Elena Salinas   
Fecha:6/7/2010
 

Millones de personas en todo el mundo están a punto de contraer fiebre, si es que ya no la tienen. No, no estoy hablando de una nueva pandemia. Es un fenómeno que ocurre cada cuatro años y no tiene límites. Sus efectos secundarios se sienten a través del planeta sin importar la edad, estatus social o económico, raza o credo. Y podemos esperar que llegué al máximo cuando comience la Copa Mundial de Fútbol el 11 de junio en Sudáfrica.

Mientras que la fiebre del fútbol se ha ido apoderando poco a poco de los aficionados en Estados Unidos, en el resto del mundo el juego se ha considerado el deporte rey durante décadas. Se calcula que más de 25 mil millones de personas en todo el mundo vieron el torneo mundial de la FIFA en Alemania en el 2006. Es sin dudas una adicción internacional.

Entre los 32 equipos que lucharán por la gloria, el trofeo y el título de campeón del mundo en Sudáfrica, ocho pertenecen al hemisferio occidental: México, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Argentina, Honduras y Estados Unidos.

Participar en la Copa Mundial este año es de especial importancia para Honduras ya que es apenas la segunda vez que clasifica para el torneo desde que estuvo en España en 1982. Lo que lo hace aun más llamativo es que el equipo clasificó para el campeonato mientras su país se debatía en medio de un caos político. Fue cuando expulsaron del país al entonces presidente Manuel Zelaya, en un golpe militar al que siguieron meses de violencia y de inestabilidad política. El equipo no sólo consiguió lo inesperado, sino que logró que los hondureños dejaran a un lado sus conflictos políticos durante un breve período para apoyarlo en esa misión deportiva.

Tener la oportunidad de jugar en la Copa Mundial representa la máxima realización personal para cada uno de los 732 deportistas que participarán. Los mejores jugadores ganan millones de dólares en los clubes de fútbol más importantes del mundo, pero dejan a un lado temporalmente su lealtad hacia esos equipos para disfrutar el honor de representar a sus selecciones  nacionales en el campeonato mundial. Cristiano Ronaldo gana $18 millones al año jugando para el Real Madrid de España, pero jugará para Portugal en el mundial. El super estrella Argentino Lionel Messi recibira mas de $44 millones al año del Barcelona, haciendolo el jugador mejor pagado, pero durante un mes su lealtad estara con su bandera.

Para muchos de los aficionados a muerte en el mundo entero, el gran sueño es asistir a los juegos o simplemente estar en Sudáfrica y participar del entusiasmo contagioso. Pero ir hasta allí es una tarea difícil de lograr.

Un aficionado hondureño por ejemplo, tendría que viajar 8,170 millas desde Tegucigalpa hasta Johannesburgo con un costo promedio de $3,000, tan sólo por el pasaje aéreo. Luego tendrá que agregar miles más por el alojamiento en hoteles, la alimentación y los boletos para los juegos. Cuando tomamos en cuenta que el salario mínimo actual en Honduras es de $290 mensuales, le tomaría a ese aficionado por lo menos un año y medio o más de ahorros, sin pagar ningún otro gasto de sostenimiento, para tener la oportunidad de ver a su equipo en la cancha durante un mundial después de 28 años. Nada fácil para alguien que vive en el segundo país más pobre de América Central.

Entonces es correcto decir que la mayoría de los aficionados de todo el mundo no tendrán la feliz oportunidad de sentarse en un estadio sudafricano para vitorear a su equipo, pintar sus caras con los colores de su bandera y mostrar su espíritu nacionalista. Tendrán que hacerlo desde sus casas, sentados frente a un televisor, o escuchando la radio, o siguiéndolo por internet, a miles de millas de distancia de donde está la acción. Y podemos apostar que lo harán.

Esto sucede tan sólo una vez cada cuatro años, y es cuando todos los problemas se dejan a un lado. Ninguna crisis financiera, agitación política, derrame de petróleo o conflicto armado pueden mantener a los aficionados alejados de la Copa Mundial de Fútbol. La excepción seria quizás un desastre natural que cortara las comunicaciones.

El fútbol, como ningún otro deporte, como vimos en Honduras, tiene la capacidad de unir a un país dividido, traer felicidad al desolado y esperanza al desesperado. Con el simple soplo de un silbato al comienzo de un partido, se ponen a un lado todas las diferencias y durante 90 minutos la fiebre del fútbol y el orgullo nacionalista están en todo su apogeo. La fiebre tal vez comience a bajar a partir del 11 de Julio. Esperemos que el orgullo se mantenga.


 

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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.
” Conectese a www.mariaesalinas.com)

© 2010 by Maria Elena Salinas

Distributed by King Features Syndicate