Para los que vivimos en una sociedad libre es difícil imaginar cómo se sobrevive en un lugar donde expresar sus opiniones y exigir el respeto por los derechos humanos podría llevarle a la cárcel. Así es la vida en Cuba. A través de los años el régimen comunista de los hermanos Castro ha puesto tras las rajas a centenares de disidentes.
Por una curva del destino, o maniobra política, 52 presos de conciencia serán dejados en libertad, permitiéndoles salir del país con miembros de sus familias, si lo desean. Muchos de ellos aceptaron la oferta de comenzar su exilio en España.
Entre los primeros nueve en llegar a Madrid está Normando Hernández. Viajó hasta allí con su esposa y su hija y fue recibido por su madre, Blanca González, quien viajó a España desde su propio exilio en Miami. Poco después hable con Normando por teléfono: "Sentí mucha tristeza y mucha nostalgia", me dijo. "Fue desgarrador ver a mi madre llorando cuando me vio en las condiciones deplorables que llegué".
Fue para él un momento agridulce. Aunque estaba feliz de ser un hombre libre y de reunirse nuevamente con su madre después de 8 años, le dolía pensar en lo que dejó atrás: "Más agrio que dulce porque he tenido que dejar mi gente, a mi pueblo, a mis hermanos de causa viviendo en cámara lenta en las prisiones de Cuba en pésimas condiciones y con la incertidumbre de que pasará con ellos".
Cuando llegaron a España, los presos liberados fueron llevados a un modesto hotel en un área industrial en las afueras de Madrid donde las condiciones no son necesariamente las que se esperaban encontrar en un país del primer mundo. Las habitaciones no tienen televisión, tienen armarios de metal para guardar la ropa y los huéspedes tienen que compartir un cuarto de baño. Con todo, no podrán quejarse. Ése es el cielo comparado con las condiciones en una cárcel cubana.
Hernández trabajó como escritor y periodista independiente en Cuba. Lo condenaron a 25 años tras las rejas por reportar acerca de las malas condiciones de los servicios prestados por el gobierno y por criticar al gobierno. Según el "Pen American Center", una organización de derechos humanos y literarios, durante su tiempo en la cárcel fue transferido varias veces de una prisión a otra, fue mantenido en reclusión solitaria con solamente 4 horas de luz del sol a la semana. Fue forzado a compartir una celda minúscula con insectos, ratas y presos mentalmente inestables. Le dieron agua contaminada, comida inadecuada y le ofrecían solamente los servicios médicos mínimos. Mientras estuvo en cautiverio contrajo varias enfermedades.
La liberación de 52 presos de cárceles cubanas es oficialmente el resultado de negociaciones entre la iglesia católica en la isla y el gobierno de España con autoridades cubanas, pero realmente influenciada por el valor de cubanos común y corrientes que decidieron ir de observadores oprimidos a manifestantes silenciosos.
Un silencio tan fuerte que retumbo en los más altos niveles de la jerarquía cubana.
La presión sobre el régimen Castrista aumenta al ser difundidas alrededor del mundo las imágenes de "Las Damas de Blanco", madres y esposas de presos políticos, siendo acosadas por las multitudes progubernamentales durante sus vigilias los domingos. La muerte del disidente Orlando Zapata en febrero, después de una huelga de hambre de 85 días, motivó al periodista independiente Guillermo Fariñas para comenzar su propia huelga de hambre hasta que a los prisioneros gravemente enfermos se les permitiera regresar a casa con sus familias y se les diera atención médica apropiada. Poco después del aviso de la liberación de los presos políticos en Cuba, Fariñas, en su lecho de muerte, terminó virtualmente su huelga de hambre de 130 días.
La liberación de estos hombres pareciera una señal de que cambios democráticos se avecinan en la isla comunista. Sin embargo para los críticos del régimen cubano se trata solo de un truco de relaciones públicas. El gobierno cubano nunca ha admitido que hay presos políticos en Cuba, pero según grupos de derechos humanos todavía hay docenas de presos de conciencia tras las rejas. Y pocos dudan que después de liberar a estos presos tantos mas podrían ser arrestados por intentar ejercer la libre expresión.
Por su parte Normando Hernández comenzará una nueva vida en España, esperando eventualmente vivir su exilio en Miami. Pero su lucha para liberar a Cuba seguirá siendo igual. "Seguiré luchando por la libertad de Cuba como periodista, como defensor de los derechos humanos, por cualquier vía que encuentre menos la violenta".
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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.
” Conectese a www.mariaesalinas.com)
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