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"Yo soy la hija de mi padre"



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La familia de hoy
escrito por La familia de hoy   
Fecha: 01/05/1999
 
Todas las noches vemos en la pantalla chica, hablando de los acontecimientos mundiales. Ha informado acerca del plebiscito en Chile, Ias últimas elecciones en Argentina y Panamá, el décimo aniversario de Ia revolución sandinista y Ia visita de Mijail Gorbachov al Papa Juan Pablo II, entre otras noticias importantes.

Su voz clara y melodiosa, su halo de pelo castaño y sus facciones bonitas son inconfundibles para millones de televidentes hispanos en Estados Unidos y para muchos millones de personas más que la ven en retrasmisiones por satélite en Latinoamérica. Con su colega Jorge Ramos, María Elena Salinas es copresentadora de los noticieros de la telecadena hispana Univisión.

Pero a pesar de lo glamoroso e impresionante de su trabajo y de su condición de estreIla de una cadena como Univisión, que tiene unos 20 millones de espectadores en este país, María Elena es una muchacha sencilla.

No se considera bonita ("Es el maquillaje", protesta). No tiene novio, ni hijos, ni pasatiempos. En realidad, su historia es la de una chica que trabajó arduamente, triunfó y ahora se dedica casi enteramente a su profesión.

Cuando se levanta a las siete de la mañana, lo primero que hace es escuchar un noticiero, en la radio. Después de un breve paseo por la playa frente a su apartamento en Newport Beach con su perro "Pepito", regresa a la casa para ver las noticias en televisión y leer dos periódicos. Unas veces desayuna; otras, no. Luego, sentada al timón de su Jaguar dorado- que ya tienevarios años de uso- alrededor de las 10 a.m. parte hacia los estudios de la cadena Univisión, en Laguna Niguel, California, a unos 25 minutos de su casa.

Allí, lo primero que hace es preguntar lo que está ocurriendo ese día para preparar su material. Luego de documentarse, escribe con Jorge Ramos los segmentos que más tarde ambos leerán ante las cámaras.

A todas luces, a la locutora le encanta hablar de su carrera. "Cada apertura en mi camino ha venido con un reto inicial. Y a mi nunca se me ha presentado un reto que yo no haya sabido enfrentar", dice María Elena.

El primer reto, quizá, se le presentó mucho antes de hacerse periodista. A los ocho afios, tuvo que adaptarse a una cultura totalmente diferente al volver a Los Angeles con sus padres y sus dos hermanas, que vivían en Ciudad México. "Cuando Ilegamos a Los Angeles, yo no sabía inglés y mi papá no nos permitía hablar más que español en la casa, porque no queria que lo olvidáramos. Pero en seis meses aprendí el idioma", dice la atractiva presentadora méxico-americana, que ahora cuenta 35 años de edad.

Su padre, que murió en 1985 y a quien ella califica de "un hombre muy culto y fuera de lo común", fue abogado en México y trabajó en contaduria y bienes raíces en los Estados Unidos. Su madre, que tiene 78 años, era una mujer muy trabajadora, costurera de oficio, "que nunca nos descuidó". María Elena visita a su madre varias veces por semana y la llama a menudo por teléfono.

Su adolescencia fue feliz y activa. Ella describe con vivacidad su era de "cheerleader" en su escuela en Los Angeles, Nuestra Señora de Loretto; la época en que fue directora de acontecimientos sociales alli, y sus trajines dando charlas y discursos en el colegio, ayudando a Ias monjas a recaudar fondos, sirviéndoles de chofer y; además, trabajando en el cine de su. barrio y en un restaurante local.

Tras graduarse, ingresó en el East Los Angeles College para cursar mercadotecnia, y al terminar en 1976, abrió su propio negocio: un instituto de superación personal para la mujer hispana. "Yo daba clases de arreglo personal, motivación, cultura, historia. Poco a poco, vi cómo muchas latinas se iban deshaciendo de su miedo y aprendiendo a enfrentarse a los obstáculos", cuenta la locutora.

Por aquella época, María Elena Salinas se casó con un locutor de radio, de quien no habla mucho, excepto para indicar que él la introdujo a la radiodifusión. Poco después de su matrimonio, le ofrecieron una plaza como locutora y reportera de noticias en Radio América (emisora que ya no existe). Alli estuvo unos dos años ocupando los dos puestos, hasta que en 1981 se le abrió una puerta para trabajar en el canal 34 de Los Angeles.

Al principio fue presentadora de un programa comunitario titulado "Los Angeles, Ahora", y se integró luego al equipo de noticias.

"Allí me lancé a una vorágine de trabajo. Si me decían 've para allá a cubrir algo', corría. Si me ordenaban ven para acá', lo hacía. Me obsesionó tanto que comencé a ver todos los noticieros habidos y por haber, tratando de buscar ángulos que beneficiaran al hispano". Mientras tanto, también tomaba clases nocturnas de periodismo en la Universidad de California en Los Angeles.

Pero casi al final de esos dos años, María Elena ansiaba ya un cambio en su carrera y comenzó a preguntarse si debía limitarse sólo a la televisión en español. Inclusive, hasta me entrevisté con algunos ejecutivos de estaciones norteamericanas locales, pero nada definitivo surgió. Una vez, cuando parecía posible que me ofrecieran un puesto, cierto ejecutivo afirmó que no le gustaba mi acento", relata.

En medio de esas inquietudes, le llegó su gran oportunidad. Univisión, la empresa que había adquirido la cadena de televisión Spanish International Network (SIN), estaba a la búsqueda de presentadoras, y María Elena fue elegida para presentar el noticiero nacional de la noche. "Para mí fue como empezar de nuevo mi carrera. Ya no sólo cubriría Los Angeles, sino ¡el mundo!"

Poco tiempo después, otro acontecimiento consagraría su súbito ascenso a la fama.

A Univisión ingresó en marzo de 1988 el periodista cubano Guillermo Martinez, nuevo director de noticias quien quedó favorablemente impresionado por Ia presencia escénica de Salinas.

Martinez decidió unir a María Elena Salinas y Jorge Ramos, los dos periodistas que consideraba "los mejores presentadores" de la cadena, y encargarles Ia lectura de los dos noticieros: el de Ia tarde y el de Ia noche. Hasta entonces, Maria Elena había presentado sólo un noticiero diario. Al comenzar a aparecer ante el público dos veces por día, su carrera tomó aún mayor impulso.

A partir de ese momento, se sucedieron Ias grandes entrevistas. María Elena fue la primera-y, durante mucho tiempo, Ia única- figura de Ia televisión norteamericana que entrevistó al general Augusto Pinochet. Entre sus reportajes más notables figuraron los que hizo al entonces presidente nicaraguense Daniel Ortega y al depuesto general panameño Manuel Antonio Noriega.

También ha hecho notas desde las más importantes ciudades del mundo – Berlín, París, Roma por citar sólo algunas – y tiene, en su repertorio, anécdotas pintorescas. Por ejemplo, aún recuerda el día en que el entonces presidente ecuatoriano León Febres Cordero, en gesto galante, la hizo pasar a entrevistarlo con prioridad. "Primero la señora", dijo el mandatario, dejando a numerosos periodistas hombres carilargos, malhumorados y aguardando su turno para ver al presidente.

Por contraste con esta emocionante vida profesional, la existencia privada de María Elena es tranquila. Entre sus entretenimientos favoritos, menciona los viajes. "Cada vez que puedo, me tomo unas vacaciones. Cuando me es posible voy a México. Pero también aquí salgo con amigos y algunas buenas amigas", dice.

Confiesa que no tiene novio. "No me falta los amigos para salir, pero no tengo relación formal con nadie", señala. Admite que por haber trabajado incesantemente y con horarios complicados durante nueve años, quizás haya descuidado la fase personal de su vida. También sostiene que algunos hombres se sienten intimidados por mujeres que, como ella, han triunfado.

"Les es difícil forjar una relación con alguien asi", afirma. Sin embargo Maria Elena admite que le gustaría algún día tener una relación fija y, sobre todas las cosas, hijos. "Pero esto requeriría dividir mi tiempo, y creo que el interés por mi profesión no disminuiría", declara. Es el dilema de toda mujer profesional que desea tener carrera y familia. La aparente facilidad con que María Elena Salinas ha llegado a Ia fama esconde una larga cadena de esfuerzos. Su éxito le ha costado sacrificios en el plano personal, lo cual se ve con analizar un poco su trayectoria. Y sin embargo, ella asegura que no le pesan estos sacrificios. "Me siento totalmente realizada. Soy feliz", afirma. "Además, continúo creciendo como ser humano. Con cada nueva entrevista, con cada nuevo suceso informativo, siento que voy aprendiendo más y más".